Opinión

“Chavezland”

Miércoles 25 de marzo de 2009
Cuando el genio de los dibujos animados Walt Disney inició la construcción de su parque temático Disneyland en 1954, no lo hizo pensado exclusivamente en la idea de edificar un complejo que fuera capaz de reunir en un solo lugar toda la magia de aquel universo de maravillosos personajes que había ideado a lo largo de poco más de dos décadas. También lo creó para satisfacer su insaciable ego y sus anhelos de inmortalidad.

Algo similar le ocurre al mandatario venezolano Hugo Chávez Frías quien, en los últimos diez años, en vez de darse a la tarea de liderar un proyecto de país, se ha empecinado en convertir a Venezuela en el gran bastión revolucionario de América Latina.

Motivado por su megalomanía y el impulso obsesivo de convertirse en el Simón Bolívar del siglo XXI, Chávez no ha hecho otra cosa que importar y exportar revolución, reinterpretando la historia de su país y la del mundo entero a su manera, tal como lo hizo en su momento Walt Disney en los años 30 a través de sus ilustraciones. Pero con la salvedad de que en el “mundo de Chávez” se profana y se malversa deliberadamente la herencia histórica venezolana, abusando de la imagen de próceres como Bolívar y Ezequiel Zamora para beneficio del régimen, a medida que se reemplaza el legado de grandes intelectuales venezolanos como Francisco de Miranda, Simón Rodríguez y Andrés Bello, por el de Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara y Raúl Reyes.

Como si de un niño dentro de un parque temático se tratara, Hugo Chávez hace con Venezuela lo que le da la gana. Ordena la centralización del Estado, acabando con veinte años de exitosa descentralización, arremete y coacciona a quienes discrepen de sus ideas y, peor aún, considera que tiene la potestad moral de insultar y vilipendiar a todos aquellos mandatarios que, por alguna u otra razón, se muestran críticos ante sus actuaciones. El último objeto de los improperios del presidente venezolano ha sido el recién estrenado mandatario estadounidense, Barack Obama, a quien calificó de “pobre ignorante” en su programa dominical “Aló Presidente” a un mes de celebrarse la Cumbre de las Américas.

Lamentablemente, Venezuela se parece más al “país de Chávez” que a un Estado y una Nación. Un “Chavezland, que, a diferencia de su homónimo e “imperialista” Disneyland, no posee la diversión, la ingenuidad y el encanto infantil del ratón Mickey y compañía.

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