Opinión

Qatar: se avecina una cumbre borrascosa

Víctor Morales Lezcano | Viernes 27 de marzo de 2009
Nicolas Sarkozy ha introducido un estilo calificable de meteórico en la trayectoria del presidencialismo francés diseñado por De Gaulle y sus asesores constitucionalistas de la época.

El Presidente de la República francesa actual es, sin embargo, heredero de la tradición europeista de Francia, constatable al menos desde el Congreso de Viena (1815). Y por tradición, también se ve obligado el Presidente a ser abogado de la causa mediterraneista del Hexágono, datable ésta de la segunda mitad del siglo XIX.

Si se retiene esta sucesión de encadenamientos históricos, es cuando se entiende meridianamente el énfasis que Francia ha puesto en la configuración de l´Union pour la Méditerranée (UM), durante el último año transcurrido desde la primavera de 2008.

Tanto énfasis ha venido poniendo Sarkozy en el empeño, que levantó inquietud en España: en Cataluña, por señalar con el dedo índice. No en vano, desde que se inauguró el proceso de Barcelona (1995), los intereses diversificados de Cataluña en el Magreb habían situado a Barcelona en primer lugar para liderar la política comunitaria en dirección del norte de África; su ulterior estancamiento vino a inspirar otra configuración.

El ajuste de correspondencias que se estableció entre París-El Cairo-Barcelona, empero, terminó por encajar bien. Fue así como se inició la singladura de l´Union pour la Méditerranée en 2008, con vistas a hacer del mar milenario por excelencia, un lago de paz y prosperidad.

Soy de los que creen profundamente en aquello que repetía Unamuno: “de razones vive el hombre, y de sueños sobrevive”. Creo, por tanto, en la necesidad imperiosa de construir algunas utopías para conservarlas en cultivo; y, si fuera necesario, ad calendas graecas hasta que suene la hora propicia para su introducción histórica.

Ahora bien, no debe esa necesidad imperiosa dejar de observar con detenimiento el entorno y estado de la situación internacionales. Y en el Mediterráneo, hoy, si no se consigue un arreglo de paz duradera en Oriente Próximo, no podrá profesarse ningún “ensueño” en la frontera sur de la Unión Europea que inspire respeto.

El desencadenamiento de las operaciones militares del ejército israelí contra la zona de Gaza el 27 de diciembre próximo pasado, ha venido a romper el wishful thinking reinante en círculos específicos de París-El Cairo-Barcelona hasta aquella fecha aciaga.

La antigua brecha, la brecha de siempre, ha ensanchado su diámetro en el Mediterráneo oriental. Es allí donde yace la clave -mucho más que en el Magreb- que permita hacer del mar milenario un lago de paz y prosperidad cual se persigue construir. A nadie advertido se le escapa que Egipto ha quedado un tanto en entredicho, puesto que su inveterada mediación entre Israel y el mundo árabe ha venido a dañar el protagonismo que El Cairo pretendía encarnar tanto en el organigrama institucional, disperso, de l´Union pour la Méditerranée, como en el terreno del liderazgo político y cultural árabe en la ribera sur del Mediterráneo, como sucedió realmente durante el interregno del presidente Nasser (1954-1970).

La paralización de las instituciones de l´Union... en Europa y en el mundo árabe (Argelia ha sido franca a lo largo del mes pasado en sus pronunciamientos sobre un proyecto “que no avanza”), ha supeditado el presente y devenir a los resultados de la próxima Cumbre de la Liga árabe; prevista que ha sido para celebrarse a finales de marzo en Doha (Qatar).

Se ha abierto un paréntesis más en la historia del “ensueño” mediterraneista que tan en serio se habían tomado París-El Cairo-Barcelona. Georges Corm, intelectual libanés que no flirtea con estos -ni ningunos otros- temas que pasan forzosamente por la criba de su análisis, es de la opinión de que hay falta de intención resolutoria entre los árabes vecinos de los territorios ocupados y en la disposición de ánimo europea -incluso francesa-; mientras que el estado de los padres fundadores de Sión (hoy Israel) ha ido secuestrando la capacidad de razonamiento crítico de millones de judíos. Con este panorama en perspectiva, no parece que la próxima Cumbre en Qatar venga a ser pródiga en resoluciones practicables en el actual engranaje del conflicto árabe-israelí. Quizás haya que apostar por los beneficios mediadores que dimanan de la nueva (¿nueva?) política exterior estadounidense, de la que la reciente visita meteórica de Hillary Clinton por Oriente Próximo ha pretendido ser un anticipo alentador.

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