Opinión

¿Podrá la oposición hacer lo obvio en la Argentina?

Santiago Leiras | Domingo 29 de marzo de 2009
En un artículo publicado hacia mediados de los años ´80, el politólogo argentino Guillermo O´Donnell se interrogaba acerca de porqué la imposibilidad de articular un frente común entre los principales países deudores de América Latina para enfrentar el desafío de una agobiante deuda externa. A partir de la utilización de modelos explicativos de la teoría de los juegos, en particular el dilema del prisionero, el autor argentino procuraba dar respuesta a la pregunta inicial de su trabajo Deuda externa: porque nuestros gobiernos no hacen lo obvio.

Parafraseando a Guillermo O´Donnell cabe preguntarse si la oposición en la Argentina podrá hacer lo obvio, esto es articular una coalición electoral alternativa frente al gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, y cuáles serían los principales desafíos para la construcción de dicha coalición.

El primer desafío al que debería enfrentarse una coalición opositora es al de hacer frente al fantasma del traumático final de la experiencia aliancista en el año 2001. Cuatro años antes, a comienzos del mes de agosto de 1997 la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente por un País Solidario (FREPASO) conformaron una coalición electoral con el propósito de derrotar en las urnas al menemismo –en aquel entonces expresión del peronismo de la década del ´90-. El éxito acompañó en forma inmediata a dicha alianza que triunfó en las elecciones de diputados nacionales de 1997 y luego en los comicios presidenciales de 1999.

Las desavenencias internas producidas en el seno de la coalición fueron resultado de, por una parte la ausencia de reglas claras para el procesamiento de los naturales conflictos que podían surgir entre los socios electorales, y por otra la brecha entre liderazgos formales como el del ex presidente Fernando De La Rúa y reales como los de Raúl Alfonsín en la UCR y Carlos Álvarez en el FREPASO. Su consecuencia fue la existencia de crisis crónicas en el gobierno aliancista: desde la renuncia del entonces vicepresidente “Chacho” Álvarez en el mes de octubre del 2000 hasta el desenlace de la renuncia de Fernando De La Rúa en diciembre del año 2001 en medio de una severa crisis social y económica, la alianza vivió en un contexto de crisis de gobernabilidad recurrente.

El segundo ¿y principal quizás? tiene que ver con la capacidad de articular una solución de carácter cooperativa (utilizando el lenguaje de la teoría de los juegos) que permita dirimir las diferencias entre líderes “presidenciables” de espacios políticos laxos y no de estructuras partidarias con fuerte anclaje territorial –Mauricio Macri, Felipe Solá, Elisa Carrió, Julio Cobos y Hermes Binner entre otros- y arribar a una fórmula medianamente satisfactoria para las expectativas de los candidatos a la jefatura del ejecutivo en el 2011. Previo a ello, y dado que pensar en el mediano plazo hoy en la Argentina significa encarar las elecciones del 28 de junio próximo, el más inmediato dilema es articular una “coalición mínimanente ganadora” de aquí al próximo acto electoral, para de esa manera enfrentar con posibilidades reales de alternancia el 2011.

¿Podrán líderes “racionales” arribar a una solución colectiva racional? ¿O será el escenario electoral de junio próximo un ejemplo más de dilema del prisionero?

Una dificultad adicional radica en el acortamiento de los tiempos para la conformación de alianzas electorales de estas características, producto del adelantamiento “por única vez” de las elecciones de diputados nacionales en un plazo de cuatro meses por parte del gobierno nacional, teniendo en cuenta que las mismas estaban previstas para su realización durante el último domingo del mes de octubre de acuerdo a lo estipulado en el código electoral. Nuevamente la excepción constituye la regla en la democracia Argentina.

Toda dificultad representa también una oportunidad, de la oposición depende poder entenderlo de esa manera.

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