Opinión

Marcha contra la reforma de la ley del aborto

Lunes 30 de marzo de 2009
La capital de España suele ser el escenario habitual de todo tipo de concentraciones, de muy diverso signo. La de ayer, aparte de numerosa, tuvo la particularidad de descolocar a un Gobierno que no esperaba algo semejante. Y es que la manifestación contra la actual reforma de la ley del aborto congregó en Madrid a casi medio millón de personas, muchas de ellas bajo la bandera de diversas organizaciones sociales. No así la Iglesia ni algunos partidos políticos como el PP o CIU que, sin desmarcarse de los objetivos de la protesta, evitaron caer en la trampa de personarse como colectivos y evitar así las acusaciones de estar manipulados por la Iglesia.


Efectivamente, en un tema tan delicado como es el del aborto, el Ejecutivo ha acusado un golpe, en el que han intervenido numerosos científicos solventes con argumentos que, más allá de posturas preconcebidas, mueven a la reflexión. De ahí la forzada declaración de “respeto” por parte de María Teresa Fernández de la Vega, a quien le resulta más fácil cargar contra el PP o los obispos que contra un importante sector de la sociedad respaldado por autoridades científicas de primer orden. En cuanto de Bibiana Aído, titular de Igualdad, “miembra” del Gobierno e impulsora de la reforma, poco se ha sabido este fin de semana. Y es que por encima de consideraciones religiosas o políticas, están las razones de un gran número de médicos y científicos a quienes la cuestión de los plazos les plantea serias dudas. Entre ellos, los firmantes de la Declaración de Madrid, cuya talla intelectual hace que desde Moncloa empiecen a tomarse este asunto algo más en serio. Si Zapatero quería que el PP y la Iglesia le dieran una excusa para inventarse una cortina de humo con que tapar la crisis, ha fallado. Porque es una parte significativa de la sociedad quien se está posicionando, y ante eso, el Gobierno ha de medir muy mucho sus pasos. Y el primero de ellos sería si entre las prioridades de la mayoría no está el resolver los actuales problemas más acuciantes de España, antes de abrir nuevos y espinosos debates.