Opinión

Turquía: refrendo electoral a Erdogan

Lunes 30 de marzo de 2009
Las elecciones municipales celebradas este pasado domingo en Turquía no han supuesto un cambio significativo. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista moderado) del primer ministro Tayyip Erdogan ha obtenido una clara victoria, sumando casi más que los dos principales partidos de la oposición juntos. El leve retroceso sufrido (apenas seis puntos con respecto a las legislativas de 2007) hay que interpretarlo en clave del lógico desgaste que supone llevar tiempo en el poder junto a los efectos de la crisis, que también se hace sentir en Turquía.

Quizá Erdogan esperaba unos resultados mejores; de ahí su descontento. En un país donde la figura de Kemal Ataturk es sagrada, el que un partido de corte islamista tenga una holgada mayoría es digno de reseñar. Con todo, una de las características principales de la identidad turca es la laicidad del estado, pese a que su población es mayoritariamente musulmana. Y por eso, la política de Erdogan se ha movido siempre entre los guiños solapados hacia el islamismo moderado, por un lado, y mensajes prooccidentales, por otro. Una de la principales aspiraciones de Turquía es la de formar parte de la Unión Europea, para lo que no puede decirse que cuente con muchos apoyos: no mucho más que el Presidente español, Rodríguez Zapatero, con quien comparte protagonismo en esa pirueta retórica conocida como Alianza de Civilizaciones.

Turquía es un gran país: de una extensión y población considerables y un desarrollo económico creciente, tiene una enorme importancia estratégica para la Unión y su alineamiento con Europa podría ayudar mucho a gestionar favorablemente el complicado asunto del islamismo. Quizá lo más realista a corto plazo fuera una asociación privilegiada, incluso más allá de la integración económica. Pero para entrar en la Unión Europea, todavía hace falta que se den una serie de requisitos. En primer lugar, deben disiparse las dudas que suscita el efectivo respeto a los derechos humanos a nivel general y, en particular, con respecto al espinoso contencioso kurdo. Además, si quieren formar parte de la Europa política tendrían que mostrar menos recelos hacia el Viejo Continente, cosa que de momento no sucede. Pero además, existen unos usos diplomáticos que todos los países democráticos respetan, como en de no dejar con la palabra en la boca a un jefe de estado y ausentarse de malos modos, como hizo Erdogan con Simon Peres. Detalles, en suma, que convierten a Turquía a un país con posibilidades pero aún con mucho por hacer.

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