Jueves 14 de febrero de 2008
Francia se encontraba en una situación peligrosa. El ritmo de su economía no era el adecuado. Ahora Attali señalará: "El retroceso relativo de Francia ha comenzado... Y en la clasificación mundial de renta por habitante, Francia, novena en 1980, es ahora décimotercera...". Desde el año 2000 el crecimiento medio del PIB francés es del 1’7%. Recuerdo una reunión, convocada en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria de París, por quien entonces le dirigía, José Varela Ortega, para que un grupo de expertos franceses recibiese de un economista irlandés y de uno español explicaciones sobre cómo ambos países habíamos conseguido tasas mucho más altas de desarrollo. Además se encontraba la difusión enorme del libro de Nicolas Baverez "La France que tombe". La reciente alusión del presidente Rodríguez Zapatero, sobre un alcance posible de la economía española a la gala, causó cierto revuelo. Véase el comienzo del editorial de Claude Imbert, "Résurrection?", en "Le Point" de 31 de enero de 2008.
El presidente Sarkozy no ha sido ajeno a ella, al solicitar de Jacques Attali un dictamen sobre cómo salir de la incipiente decadencia francesa, exactamente, cómo lograr "la liberación del crecimiento francés". Acaba de entregarse, después de elaborado por una comisión repleta de figuras muy importantes de la economía y del mundo financiero. Attali cree que es un buen momento de reformas. Como recuerda François Bazin, en "Le Nouvel Observateur" de 31 de enero/6 febrero 2008, Attali, a mediados de diciembre de 2007, "en las columnas del "Journal de Dimanche" anunciaba una nueva crisis de 1929, agregando: «El crecimiento es una bendición para todo, salvo para las reformas. Cuando un país, concretamente Francia, crece, no reforma nada». Quizás ésta sea la causa del silencio que siguió al reciente Informe Camdessus de 2004 y no digamos al preparado por Balladur (2007), desfigurado por Simone Veil. En cambio, muy probablemente, ahí radica el éxito del Informe Rueff en 1960 –que por cierto sirvió en España para ampliar y consolidar la política de apertura iniciada con el Plan de Estabilización de 1959-, o tanto el proyecto Fuentes Quintana base del Pacto de La Moncloa o el Plan Aznar-Rato de 1996. A mi juicio no sería mala cosa que en el actual debate electoral español algo se reflexionase sobre algunos puntos de este Informe. Indico que entre sus elaboradores se encuentra Ana Palacio, lo que no deja de ser importante en más de un sentido.
La base de este dictamen es, frente a fáciles políticas de demanda, toda una serie de propuestas por el lado de la oferta. Por ejemplo, ampliar, no frenar, la inmigración para flexibilizar el mercado del trabajo, uno de los caminos de su abaratamiento; o bien aumentar la liberalización de la economía. Lo enfatiza por ejemplo, cuando señala que la base del crecimiento, en vez de lograrlo gracias a incrementos en la demanda y en la industria de la construcción debe encontrarse en "nuestra capacidad de innovar, de la que dependerá nuestro crecimiento y nuestro lugar en la competición económica mundial. Formación, transmisión de saberes y cualificación permanente son las condiciones primeras de nuestro éxito". Este Informe, pues, hace especial hincapié en "la economía del conocimiento". El lema es que, al concluir la enseñanza media, "todo alumno domine el francés, la lectura, la escritura, el inglés, el cálculo matemático, el trabajo en equipo y la informática". Por supuesto nada se les ha ocurrido de la bobada de la Educación para la ciudadanía. Por supuesto es necesario disminuir el gasto público; reconstruir otro Estado de Bienestar con aspectos tan originales como la afirmación de que: "deben considerarse los gastos en sanidad como una oportunidad de crecimiento y ya no como una carga"; y continuamente, exigencias de apertura y el indicar como sectores clave, para salir del retroceso, la informática, la biotecnología...
Adelanto que el informe ha caído mal tanto a la derecha como a la izquierda. Jean-Pierre Raffarin ha defendido al pequeño comercio. Un chiste de "Le Nouvel Observateur" coloca a un Sarkozy harapiento al lado de un mendigo, bajo un puente. Dice el arruinado presidente: "Al comienzo del Plan Attali, todo iba bien; ¡Pero cuando la Torre Eiffel fue adquirida por Mac Donald, empecé a dudar!"
El lema de un célebre regimiento francés fue "Me atrevo". Vamos a ver si la sociedad francesa ahora, se atreve, o no, a aceptar los costes del desarrollo.
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