Viernes 03 de abril de 2009
De las conclusiones extraíbles sobre la Cumbre del G-20 celebrada en Londres, cabría destacar una por encima de todas: el consenso. Dejando atrás diferencias que se han demostrado conciliables, los líderes de los países más industrializados se han puesto de acuerdo en una serie de medidas tendentes no sólo a reactivar la economía mundial, sino a evitar que se repitan errores pasados. Entre ellos, la proliferación de los llamados “activos tóxicos” que tanto daño han hecho a los sistemas financieros de medio mundo. El reconocimiento de un problema no implica su solución inmediata pero sí cumple un requisito imprescindible para poder ponerse a ello. Y esa es otra de las conclusiones de Londres.
La postura defendida por Alemania y Francia acerca de vigilar más de cerca el sistema financiero internacional, así como adoptar medidas inmediatas y no a medio plazo, ha sido uno de los éxitos más rotundos de toda la cumbre. Ambos países saben lo que supone ser la locomotora financiera de Europa y no estaban dispuestos a más endeudamiento público sin un horizonte fijo, como pretendía Obama. Con todo, lo verdaderamente positivo es que las naciones más poderosas han logrado dejar a un lado sus diferencias y alcanzar una batería de actuaciones conjuntas, cuyo exponente es el de dotar de más medios y protagonismo al Fondo Monetario Internacional, inyectándole medio billón de dólares. Junto a otro medio billón, el objetivo de estas cantidades es de ayudar a las economías a las que más duramente está afectando esta crisis. Aún es pronto para saber si algo de esto funcionará, pero al menos ahora hay medidas tangibles en lugar de sólo buenas palabras, lo cual es digno de elogio. Y, dicho sea a propósito, por anecdótico que sea, conclusiones así vacían de contenido a las protestas de los antisistema que forman ya parte del decorado de estas reuniones. Se han quedado sin argumentos para seguir rompiendo escaparates, mientras hacen “turismo antisistema” por medio mundo estigmatizando al liberalismo como el gran causante de todos los males.
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