Opinión

Noto, la hija más hermosa del terremoto

Isabel Sagüés | Viernes 03 de abril de 2009
César Brandi la denominó “jardín de piedra” y la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1996. La mayoría de las personas que la visitan considera Noto la ciudad más hermosa de Sicilia, o al menos la ciudad barroca más impactante.

La isla de Sicilia, la más extensa del Mediterráneo, hermosa, vitalista, rica en arte y cultura, hija de una larga y compleja historia, resulta un compendio artístico donde conviven todos los órdenes arquitectónicos imaginables. Todos tienen una buena representación, y el barroco más que ningún otro, especialmente en la zona suroriental que fue asolada en 1693 por un terremoto, quedando varias ciudades y pueblos destruidos o muy dañados. Pese a la tragedia, un grupo de conocidos personajes de la nobleza se puso manos a la obra y, piedra a piedra, reconstruyeron lo destruido, y, al gusto de la época, crearon una hermosa colección de ciudades que conservan la exuberancia y la grandilocuencia de sus hechuras barrocas. Entre todas sobresale Noto, la hija más hermosa del terremoto.

A 32 kilómetros de Siracusa, al píe de loa montes Iblei, Noto nace como un producto del azar, del capricho, consecuencia del terremoto, que se cebó en la Noto antica, la ciudad medieval original, fundada por los Sículos en el siglo IX a. C., que quedó reducida a escombros. A unos kilómetros de la actual, permanecen en píe las ruinas de la antigua, lo que nos permite hacernos cargo de la devastación sufrida.

Del desastre surgió la oportunidad de construir una nueva Noto en la pendiente de una colina, un lugar diseñado según el gusto barroco de la época. Noto es con diferencia la creación más armoniosa posterior al terremoto. El arquitecto Giuseppe Lanza, duque de Camastra, recibió el encargo de rehacer la urbe de la nada. Con la ayuda del ingeniero flamenco Carlos de Grunemberg y del maestro artesano Rosario Gagliardi, planificó y trazó una ciudad nueva, y, pese a las protestas ciudadanas, a distancia considerable de la antigua.

Ninguna otra ciudad puede competir con Noto en el uniforme y extraordinario diseño ortogonal, con calles paralelas, entre plazas intercaladas que se plantean como grandes escenarios con escalinatas, terrazas y desniveles, creando un armónico espacio entre el que alternan iglesias, palacios, conventos y monasterios, todos construidos en piedra rosácea que, al contacto con el sol, adquiere una tonalidad dorada irrepetible, un color que parece miel. Su diseño reticular, su simetría, la exuberancia, la unidad de estilo, la armonía del conjunto convirtió a Noto en un estandarte, en la capital siciliana del barroco.

La ciudad se dividió en tres barrios: uno para la administración política y religiosa, otro como zona residencial, y un tercero para los trabajadores. Lanza lo tuvo claro: un lugar para la nobleza, otro para el pueblo llano. Un mundo idílico sin confusiones y sin mezclas; todo orden y simetría. Un mundo con estamentos sociales bien diferenciados. De aquella diferenciación social sólo sobreviven los edificios, hermosos, labrados en piedra, con ostentosa ornamentación, excesivos, a veces.

Hay que lamentar que la mayoría de los edificios principales de Noto se encuentran en estado de abandono, fruto de su propio éxito que no es otro que la espléndida piedra local, el tufo, muy blanda y que requiere un mantenimiento constante. Fruto también de la desidia y de los continuos pequeños temblores que se producen en la zona. Tampoco hay que olvidar la decadencia económica y social de la vieja aristocracia siciliana que no ha podido mantener tan hermoso patrimonio.

El caso más notable de abandono e incuria en Noto es la catedral de San Nicolo, terminada en 1.770, con dos torres gemelas y una cúpula tan espectacular que el paisaje visual de Noto quedó alterado en 1996 cuando cúpula y tejado se derrumbaron. Tras el desastre, las autoridades italianas intentan invertir fuertes sumas para restaurar la bellísima ciudad a cuya calle principal, el corso Vittorio Emanuele se llega nada más cruzar la Puerta Real, al estilo del arco de triunfo romano y construida para conmemorar la creación de la ciudad.

El corso Vittorio Emanuele está flanqueada por algunos de los edificios más interesantes de Sicilia: las Iglesia de San Doménico y su hermosa fachada curva, y la del Santissimo Salvatore, el teatro y varios monasterios. La catedral se yergue en la piazza Municipio, la más hermosa de Sicilia, donde también se puede disfrutar de las extravagantes fachadas del palazzo Landolina y del palazzo Ducezio, hoy ayuntamiento, un porticado edificio con hermosa fachada de columnas y balcones de piedra.

En paralelo y subiendo el desnivel de la colina, la Vía Cavour y sus calles perpendiculares eran el lugar donde la nobleza construyó sus palacios tan espectaculares. En la ochocentista Vía Corrado Nicolaci se encuentra el extraordinario Palazzo Villadorota, el más imponente que con sus seis balcones de forja que se apoyan en contrafuertes esculpidos sobre figuras grotescas, grifos, monstruos mitológicos, querubines y sirenas.

Noto, con su belleza excepcional, con sus grandes plazas y espacios, semeja un extraordinario escenario al aire libre donde no es difícil trasladarlo a un imaginativo siglo dieciocho y contemplar la representación de la vida cotidiana, grandilocuente y exuberante, de aquellas nobles familias, de aquel barroquismo tan oriental. Noto, sin duda, la pequeña joya siciliana, la hija más hermosa del terremoto que no debe olvidarse en un viaje a la isla.

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