Olga González Alonso | Sábado 04 de abril de 2009
Por fin se inició el proceso para el traspaso de poderes en Galicia, y ya ves, no era para tanto. Después de semanas de tiras y aflojas entre el presidente electo, que pedía la máxima agilidad en esos trámites dado que la situación económica no está para muchas pérdidas de tiempo, y el presidente rechazado, que parecía resistirse a soltar el mando, ambos han mantenido una reunión marcada por la "cordialidad" y en la que parece haberse disipado la tensión instalada entre ambos desde las elecciones del 1 de marzo, según han coincidido en destacar los medios de comunicación.
Hombre, ya imaginábamos que no iban a reunirse para tirarse los trastos a la cabeza, por mucho lanzamiento previo que haya habido. Hasta los políticos son capaces de guardar las formas cuando hay que hacerlo, caso de trámites obligados como este. Aunque es cierto que tampoco se esperaba que el encuentro de la residencia oficial de la Presidencia gallega se prolongara como lo hizo, por más de dos horas.
La cosa no es para menos, dado que hay sobre la mesa muchos temas de gran importancia que requieren de un amplio conocimiento y profusión de datos claros para que el nuevo Gobierno pueda planificar y ejercer las acciones que sobre ellos considere. Temas como el de la financiación autonómica, uno de los asuntos más peliagudos con los que tendrá que vérselas el Ejecutivo entrante. Y, sobre todo, al futuro inquilino de la Xunta le apremiaba conocer el estado real de las cuentas, además de otros temas de candente actualidad que Touriño y los suyos –y los que no son nada suyos pero lo fueron, como socios, durante estos cuatro años- dejan pendientes.
Hablaron, sobre todo, de economía, como manda especialmente la actual coyuntura, que es precisamente la que llevó a Alberto Núñez Feijóo a pedir a Touriño que el proceso de transmisión se iniciara cuanto antes, habida cuenta de que Galicia ni podía estar parada en estos difíciles momentos, ni tenía por qué, ya que al margen de fechas, estaba claro desde el 1 de marzo que el cambio iba a producirse.
Una petición que molestó mucho al socialista, quien hasta el último momento se ha esforzado en criticar al del PP en la misma medida en que lo acusaba de lanzar críticas para él infundadas. Aún en la víspera del encuentro, quiso resaltar lo exquisitos, correctos y prudentes que han sido él y su gobierno en funciones en relación al traspaso de poderes, sin perder la ocasión de decir aquello de “y ellos no”. Y, ya puestos, se lanzó también a presumir de que deja dinero en la caja, todo un detalle, y de que el porcentaje de compromisos presupuestarios adquiridos es sensiblemente menor que el que le legara a él su antecesor, Manuel Fraga. Obviando, claro está, el matiz de que aquel traspaso se produjo cuando el año llevaba ya andados tres meses más que el actual. Para redondear, los que se marchan sacan también pecho asegurando que el nivel de endeudamiento en el que dejan a la Comunidad es similar al que dejaron los que se marcharon hace cuatro años. Pero se refieren sólo a la Xunta en sí, sin mencionar que la deuda de los entes paralelos, los llamados "chiringuitos" por socialistas y nacionalistas, que tanto denostaron cuando eran oposición y tanto aumentaron y utilizaron desde el Gobierno, se ha disparado. Sólo entre 2006 y 2007 creció un 33 por ciento. Bien cierto es que un buen traspaso de poderes requiere, más allá del cordial apretón de manos, de toda la información existente y no sólo de aquella que quede bien airear.
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