Martes 07 de abril de 2009
Al parecer, en la fotografía de familia que inmortalizaba en Turquía a los participantes en la reunión de la Alianza de Civilizaciones, el Presidente Zapatero se despistó y se perdió la primera instantánea. El que el presidente español se pierda una foto, una imagen, un titular es una buena noticia. Y lo decimos sin ironía. Fotos y más fotos; ese ha sido hasta ahora todo el bagaje de la política exterior española. Unas, porque se quedan en meras imágenes sin contenido; otras, porque bien haría España en no aparecer con ciertos compañeros de viaje. Si el olvido del señor Zapatero significara que vamos a cambiar imágenes por hechos, virtualidad por realidad, sondeos electorales por una política exterior de intereses de Estado, los ciudadanos españoles están de enhorabuena y al Presidente Zapatero sólo cabría felicitarle por el cambio.
En los últimos días se han producido una serie de reuniones internacionales al más alto nivel, donde se han tratado puntos que afectaban de lleno a los países participantes. España ha estado presente en todas ellas: la Cumbre del G-20 en Londres, la de la OTAN en Estrasburgo y -quizá la menos importante- el II Foro de la Alianza de Civilizaciones en Estambul. Lo normal sería estar debatiendo ahora sobre los logros obtenidos por la cancillería española, las propuestas que ha abanderado o los resultados que ha conseguido. En suma, que estuviéramos hablando de intereses. Nada más lejos de la realidad.
En su lugar, se habla de fotos y de “no fotos”. En el primer caso, lo más que la delegación española extrajo de Londres y Estrasburgo fue el retrato con el resto de líderes mundiales, todos los cuales tienen mucho más que decir en el concierto internacional que el mandatario español. Y no precisamente por falta de relevancia e un país que tiene una de la diez economías mayores del planeta. Después, en Turquía, hubo que repetir la foto –otra vez, las fotos- de familia. Al menos, en Moncloa ya tienen una instantánea con Obama. El pié de página lo puso la señora Valenciano, felicitándose por la buena sintonía entre el señor Zapatero y el Presidente americano. Un comentario revelador: porque lo que los ciudadanos españoles necesitan y reclaman no son sintonías y simpatías, sino un entramado de realidades e intereses que vayan más allá de los inquilinos que ocupan la Casa Blanca y la Moncloa. Una política de Estado es algo más que la política de imágenes de estos años: una política que quizá servirá mucho para las encuestas pero de muy poco para la defensa y promoción de los intereses de España.
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