Cultura

Silvia Espigado: "En el teatro es donde pones tu verdadero arte"

entrevista

Miércoles 08 de abril de 2009
Su papel en “De cerca nadie es normal” le llega en un momento de descanso, sin embargo su interpretación es trepidante.
La verdad es que el tiempo que invertimos en los ensayos es el más agotador, aunque tengo que admitir que me encanta. Es un periodo de investigación en el que empiezas a descubrir la obra y donde más energías empleas y más te desgastas. Cuando llega la función ya es la hora y media o dos horas que tengas que estar encima del escenario lo que te agota. Pero el día que te toca sudar la camiseta te aseguro que lo notas.

¿Qué sensación le produjo el texto de Aitana Galán y Luis García Araus?
Cuando lo leí por primera vez me pareció divertido, pero a medida que lo iba leyendo más veces me di cuenta de que el diálogo además de ser contemporáneo toca temas tan actuales que llegas a encontrar a cada frase un sentido. Es un texto que tiene muchos ingredientes y que toca muchos temas directa e indirectamente. Es algo que todavía sigo descubriendo en cada función. Se toca el tema del embarazo adolescente, la reinserción, el “bulling”, la bipolaridad, la pedofilia…

Está rodeada de gente joven sobre el escenario. ¿Qué tal la experiencia?
La gente joven tiene de bueno que se tira a la piscina y sabe resolver con lo que tiene. Los dos chicos de la obra es la primera vez que hacen teatro y, pese a que puedan carecer de la técnica que se adquiere con los años, tienen algo tan único como la naturalidad y la espontaneidad. Es algo muy rico, y a lo que uno siempre intenta volver. Cuando se prepara un guión uno puede perder la frescura y hay siempre que intentar volver a ella. Para hacerlo trato de empaparme de los jóvenes. El tú a tú entre compañeros es un acto de generosidad. Siempre he dicho que el trabajo de uno depende del que haga el otro. En el teatro la función tiene que estar viva todos los días. Hay que agarrarse al compañero, ahí reside el arte de la interpretación.

Reparto de De cerca nadie es normal, en el Teatro Amaya

En el vaivén de emociones de la obra, ¿cómo es Luzdivina?
Luzdivinia quiere mantener un equilibrio y una armonía en el hogar. Lucha con los problemas que se van descubriendo poco a poco en la trama. Pasa los días sin dejar que afloren sus miedos ni sus sentimientos, pero de pronto empiezan a haber una serie de sucesos que hacen destapar su olla a presión de sentimientos. Ha sido un trabajo muy de contención y de contrariedades. Luzdivina se debate entre lo que quiere ser y no es. Está inmersa en sus frustraciones y en sus fantasías. Parece una madre normal pero termina por perder el control.

¿Se ha entendido bien con su directora Marta Álvarez?
Ha habido mucha complicidad femenina a la hora de abordar un personaje como es el de una madre. Hemos hablado mucho Marta y yo de su madre y de cómo era. Cuando trabajábamos sólo las chicas hemos encontrado una complicidad que no tenemos con los chicos. Hemos hablado de temas que con un hombre habría sido diferente.

Ágiles diálogos y mucho ritmo en escena. ¿No termina agotada?
Precisamente lo que hay que preocupar es que no se te vaya la energía porque en una comedia es muy importante el ritmo. Luzdivina tapa tanto tanto tanto ¡que termina por sufrir ataques!

La actriz Silvia Espigado

Las madres son protagonistas en la ficción y en la no ficción...
La directora quería contar la función a través del personaje de Luzdivina, un perfil de la mujer al que estamos acostumbrados. Me he dado cuenta de que la calle está llena de Luzdivinas. La veo por todas partes y constantemente. Hay muchas mujeres de mi edad que se identifican con este personaje.

¿Siempre queda algo por hacer?
Por supuesto, me queda todo. ¡Me quedan tantas cosas por hacer! ¡Tantos personajes que me gustaría interpretar! Me encantaría trabajar los clásicos, hacer lo mismo comedia que drama, tocar todos los géneros, me gusta la televisión, el cine y el teatro…Pero me preocupa que pasan los años y voy topándome con que hay personajes que ya no puedo hacer, me da un poco de rabia. De todas formas, los actores debemos serlo siempre, tanto cuando estamos trabajando como cuando estamos parados y por eso hay algo que procuro hacer constantemente: reciclarme. Busco maestros, cursos que hacer, gente que conocer. Así descubro todo lo que me queda por hacer.

Dijo en una ocasión que su carrera está llena de pequeños papeles. ¿Por qué?
A lo mejor no me ha llegado todavía mi gran oportunidad…Veo que voy muy poco a poco. Soy bastante prudente y me gusta estar segura. También son las circunstancias. Hay veces que te ofrecen papeles pequeños pero con grandes directores o con un reparto bueno. Son momentos en los que uno tiene que decidir qué elegir. A mí esta oportunidad me ha venido muy bien porque me ha pillado en un parón de “Cuéntame” y es además un papel protagonista en un teatro haciendo comedia. Era justo lo que quería en este momento. A parte, estoy rodeada de gente muy buena y agradable. Lucía Bouzas está empezando en el mundo de la producción pero tiene muchísimas ganas de que esta obra funcione. De hecho, es probable que repitamos en Madrid.

Así que siempre saca tiempo para el teatro.
Sí, en el teatro es donde pones tu verdadero arte durante las dos horas de función porque cada día es distinto y requiere una técnica completa, con voz, texto, acción y palabra… Luego está el contacto con el público con el que mantienes una interacción que se convierte en una entrega. Es la magia del teatro, tener el público en directo y sentir cómo respira la función. Es maravilloso.

Cartel de la obra dirigida por Marta Álvarez

Una de sus pasiones es Shakespeare, ¿ha interpretado alguno de sus textos o es un sueño por cumplir?
He interpretado una adaptación de Hamlet, en la que hacía el personaje de Gertrudis, que se llamaba “Buenas noches Hamlet” y el texto era de José Ramón Fernández. Aunque era una adaptación, me basé mucho en el original. Fue en ese momento cuando descubrí los textos de Shakespeare y me gustó muchísimo. Pero no sólo me apetece interpretar esos papeles, últimamente estoy leyendo de nuevo “Bodas de sangre” de Lorca y la Generación del 27 y me doy cuenta de que también tenemos autores españoles muy buenos y me apetece trabajarlos.

Sobre el escenario del Teatro Amaya fluctúa entre la cordura y la locura, pero ¿qué le hace perder la compostura?
Precisamente de lo que hablando en “De cerca nadie es normal”: la violencia. No la tolero en ningún aspecto. Mantener un equilibrio ante la violencia cuesta porque nos dejamos llevar por arrebatos. Hay gente que no controla y cuando no controlamos, ocurre lo que ocurre. A medida que voy creciendo me voy dando cuenta de que la violencia no conduce a nada. Cada vez busco ser más pacífica con el medio que me rodea, con mi familia y conmigo misma. Nos gusta reírnos de las desgracias ajenas, lo tengo comprobado con la interpretación. En el teatro la gente se ríe cuando le pegas a alguien, cuando insultas o te da un ataque de histeria. Lo interesante de nuestra función es que más allá de esos golpes de humor porque invita al debate y a la reflexión. Nos hace falta reírnos, pero también hay que meditar sobre cómo somos.

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