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Los jóvenes imagineros buscan en la madera el rostro de Dios

AL IGUAL QUE HACE TRES SIGLOS, LA IMAGINERÍA ESPAÑOLA VIAJA, SOBRE TODO, A AMÉRICA LATINA

Miércoles 08 de abril de 2009
En la era de Internet, la tradición barroca de la iconografía religiosa sigue cumpliendo su misión. El Evangelio se derrama por las calles cada Semana Santa gracias a la gubia de los escultores que siguen buscando en la madera el rostro de Dios.

Desde la Contrarreforma hasta la Sociedad de la Información han transcurrido varios siglos, pero su oficio ha sobrevivido a los avatares del tiempo. Como su propio nombre indica, los imagineros han fijado a lo largo de la historia la iconografía religiosa, legando a la posteridad toda una Biblia en madera.

El imaginero Jaime Babío trabaja en su taller en Sevilla. Cristina Carbón



En la actualidad, el oficio de escultor pervive vinculado, principalmente, a la imaginería procesional. Los pequeños artesanos reciben encargos durante todo el año, si bien es entre el verano y la Navidad cuando se concentra la mayor demanda, con el objetivo de que las obras estén listas para la siguiente Cuaresma.

Y es que desde que se diseña el boceto hasta que la talla sale hacia su destino, la creación debe pasar por distintas fases. El dibujo primero se modela en barro antes de comenzar a dar forma a la madera. Cuando termina la labor de la gubia, la pieza tiene que ser estucada, policromada y, en algunos casos, estofada.

Grupo escultórico de las Angustias (Tarifa). Jaime Babío
De Sevilla a las Indias
La imaginería no conoce fronteras. En los tiempos que corren, los artesanos no pueden limitarse a trabajar para una única localidad, por lo que acostumbran a tener obras repartidas por numerosos puntos del mapa español. Más aún, algunos pueden presumir de que sus trabajos tienen como destino el extranjero.

Es el caso del escultor sevillano Jaime Babío, entre cuyas obras destaca un Cristo que realizó para Nicaragua. “La verdad es que me hizo mucha ilusión”, reconoce. “Además, me lo pidieron para un mes”, exclama mientras recuerda cómo fue el encargo que recibió desde el otro lado del Atlántico.

Asimismo, recientemente le pidieron un presupuesto para la hermandad de la Macarena de Zacatecas (México).

Aunque, sin duda, la obra que ha marcado un antes y un después en su trayectoria, al menos hasta el momento, ha sido la Piedad de Tarifa (Cádiz).

Jaime Babío tiene su pequeño taller en Sevilla, cerca de la Macarena. Hace 17 años, en 1992, comenzó a caminar de la mano del consagrado Antonio Dubé de Luque, con quien estuvo aprendiendo el oficio durante seis años. Ahora es él quien enseña el arte de la gubia a sus aprendices.

Jaime Babío enseña el oficio a uno de sus aprendices. Cristina Carbón
En la actualidad, cuatro jóvenes acuden cada día a formarse con Jaime en las técnicas de la escultura, aunque en algunos momentos han llegado a ser siete. Cada uno, al igual que el que ahora es su maestro, desarrollará un estilo propio, por lo que este imaginero sevillano está seguro de que “esto no se pierde”.

En su taller las obras pasan por todas las fases antes mencionadas, desde el dibujo hasta la policromía. Únicamente algunas tareas específicas, como el dorado, requieren la mano de otros artesanos especializados.

Busto de Cristo realizado por Jaime Babío. Cristina Carbón
La crisis hace estragos en el sector
La actual coyuntura económica se está dejando notar en el sector de la imaginería. “Las Hermandades hacen menos encargos, aunque los particulares, más.” Claro que éstos a veces no pueden pagar las obras, que se quedan “colgadas”. Un ejemplo es el busto de un Cristo que le encargaron hace meses y que aún sigue en su taller después de que el cliente le dijera que no podía pagarlo.

Jaime Babío reconoce que ha tenido que ajustar los precios a las posibilidades reales de los clientes. “Como te subas un poquito, te quitan el trabajo”, se lamenta, debido a la ingente competencia en el sector de la imaginería. Eso sí, al igual que en épocas pasadas, “el regateo no es cosa de la crisis.”


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