Opinión

Evo Morales, en huelga de hambre

Viernes 10 de abril de 2009
El Presidente de Bolivia, Evo Morales, se ha declarado en huelga de hambre para exigir que el Congreso Nacional aprobé la nueva ley electoral necesaria para convocar los comicios generales del próximo 6 de diciembre. El Congreso de Bolivia no consigue lograr un acuerdo sobre la ley de transición ordenada por la nueva Constitución, aprobada a finales de 2008. Las discrepancias se centran sobre el cupo de escaños que debe otorgarse exclusivamente a los pueblos indígenas, sobre la habilitación del voto de los bolivianos en el exterior y sobre el padrón electoral.

Oficialismo y oposición vuelven a enfrentarse ya que el proyecto de ley genera muchas dudas y se le acusa de ofrecer una ventaja evidente a la reelección de Morales para un nuevo mandato. La situación se presenta complicada en el país andino ya que la oposición goza de la mayoría en el Senado, mientras las “fuerzas presidenciales” controlan la Cámara Baja. Por eso, resulta evidente el riesgo que Bolivia vuelva a vivir una situación de crisis y parálisis.

La decisión de Morales representa un intento de presionar al Congreso para aprobar una ley polémica que agilizaría su reelección y favorecería su perpetuación en el poder. El actual mandatario, al igual que otros caudillos de America latina, parece animado por el deseo de permanecer al poder y aferrarse a el con todos medios legales. Después de varios meses atormentados, resulta preocupante que las tensiones políticas regresen a Bolivia, sobre todo teniendo en cuenta el riesgo manifiesto de que el enfrentamiento, que se está viviendo dentro al Congreso Nacional, se traslade a las calles. Antes de que los sectores sociales favorables a Morales amenacen de cerco al Congreso, el presidente boliviano debería intentar el diálogo y la concertación como la solución a los problemas y evitar cuidadosamente medidas sensacionalistas, de dudosa utilidad. Evo Morales, segundo presidente de la historia democrática de Bolivia que recurre a la huelga de hambre como medida de presión frente a sus opositores, muestra una vez más su dificultad e inaptitud a enfrentarse a las crisis políticas. La decisión de ponerse en huelga de hambre no debe convertirse en una estratagema para reforzar su imagen e instaurar un “cerco psicológico” contra el Congreso. Se espera que la acción de un presidente esté determinada por su madurez y dirigida a los intereses del país: por eso, el líder del MAS (Movimiento al Socialismo) debería flexibilizar su posición, abandonar una reacción innecesaria y enfrentarse de forma razonable a la oposición. El dialogo y el respeto de las reglas democráticas son dos condiciones que nunca hay que abandonar.

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