Opinión

Confusión en Industria

Sábado 11 de abril de 2009
Fiel a su estrategia de rentabilizar fotos al máximo, Zapatero ha decidido que parte de su Ejecutivo se quede sin vacaciones de Semana Santa, en un intento de trasladar a la opinión pública que su equipo prescinde de unos días de asueto para trabajar en tiempos de crisis. Y lo malo no es la idea, fuegos de artificio y propaganda, sino que el Presidente piense que alguien se la cree. El caso es que Elena Salgado empezó por recibir al titular de Fomento, José Blanco, para hacer lo propio un día después con Miguel Sebastián, ministro de Industria, Turismo y Comercio. Al igual que pasara con la reunión celebrada con Blanco, poco ha trascendido de la que ha tenido lugar entre Salgado y Sebastián. Hay una foto, eso sí, quizá porque para Zapatero es lo que realmente cuenta.

Y no debería: en su política, en general, y en Industria en particular. La cartera de Miguel Sebastián tiene un componente técnico muy acusado y, al mismo tiempo, una carga de responsabilidad considerable. Sin desdeñar la faceta del turismo -uno de los principales motores de la economía española- lo realmente significativo de su área de influencia es algo en lo que Zapatero ha manifestado una actitud retrógrada proverbial: la energía. Existe en Moncloa un temor tan absurdo como reaccionario por todo lo que tenga que ver con la energía nuclear, con el agravante añadido de que parte de la electricidad que los españoles consumen procede de este tipo de centrales, aunque resulta más cara por tener que importarla de Francia. España es el segundo productor mundial de energía eólica, pero su volumen apenas llega a cubrir la quinta parte de las necesidades totales. Petróleo no tiene, gas tampoco. Razones más que suficientes como para abordar el tema sin tabúes, con una mente abierta y progresista, encargando la gestión de tales asuntos a alguien cuya cualificación estuviese fuera de toda duda.

Desde luego, este no es el caso de Miguel Sebastian. Puede que su experiencia docente en la universidad le confiera un “pedigrí” que a ojos vista de Zapatero sea bastante. No es así. Para ocupar un puesto con esa relevancia se precisa además un curriculum tachonado de éxitos. Y es ahí donde falla Sebastián. Su preparación académica es indiscutible y meritoria, pero su salida por la puerta de atrás de la empresa privada, su fracaso al frente de las elecciones municipales madrileñas y sus peregrinas ideas como las de las famosas bombillas ecológicas -millones de euros tirados a la basura- reflejan a las claras lo inadecuado de su gestión y lo discutible de su nombramiento. Zapatero le mantiene, y con Elena Salgado tiene una buena sintonía. Esperemos, en interés de la ciudadanía española, que el “apagón” en Industria dure poco.

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