La Semana Santa, como para cualquier país católico, tiene una gran importancia para México y otros países latinoamericanos, pero en especial para Guatemala.
Una de las características y más llamativas manifestaciones de este país centroamericano en estas fiestas, son las maravillosas alfombras de serrín de colores, flores y frutas con dibujos religiosos, elaboradas por artesanos en las calles y sobre las que pasarán las procesiones. Si bien es cierto que esta costumbre de alfombras efímeras existía en España, principalmente en Canarias, y algo similar en Cataluña durante la procesión de Corpus Christi, en las tierras de Mesoamérica existía una tradición similar, como relataban cronistas españoles en el siglo XVI y testimonios indígenas.
En esas regiones en ciertas ceremonias, los sacerdotes caminaban sobre alfombras de flores, de pino y de plumas de aves preciosas, como el quetzal. Durante la Colonia en Guatemala, los frailes franciscanos fomentaron la conservación de esa tradición, como parte de su labor evangelizadora, haciendo que las alfombras y otras costumbres adquirieran elementos españoles, a la vez de preservar otros mayas, con lo cual adquirieron un simbolismo particular y se convirtieron en parte de la identidad cultural guatemalteca.
La adoración a la naturaleza se incorpora a la celebración cristiana, favorecido este sincretismo por el uso de objetos comunes a ambas culturas; el uso de las palmeras es similar al de las hojas de pacaya y palmilla que representan al sol y a la luz. De igual forma, la utilización de incienso y velas en la tradición católica coincide también con el libro sagrado Popol Vuh, el cual explica que el Señor del Cosmos come fuego y bebe humo, que pueden provenir de dichas velas y la quema de resinas aromáticas.
alfombras de serrín de colores y flores con dibujos religiosos
Como en casi todas las ceremonias, la comida adquiere un papel relevante.
En Guatemala los productos nativos se utilizan para elaborar alimentos que se consumen en Semana Santa, como la tradicional bebida de chocolate, la “bebida de los dioses”, tamales, pan de yema, chirimole de chile y tomate, y por supuesto bebidas fermentadas que supuestamente acercan a la espiritualidad, como siempre las han usado los curanderos y chamanes.
La mezcla de costumbres y creencias mayas y católicas crean una visión del mundo, donde elementos de ambas culturas se integran, como lo muestra la idea de los indígenas quiché en Santiago Atitlán que el dios nahual Rilaj Maam, guardián protector, reina y cuida al pueblo entre la crucifixión de Cristo y su resurrección.
A su vez, en México se llevan a cabo rituales simbólicos durante la Semana Mayor que son evidentemente católicos, pero que incluyen características de religiones prehispánicas también. En el estado de Sinaloa la fiesta de la resurrección se combina con danzas de fertilidad y bailes al dios venado. Los coras del estado de Nayarit se expresan durante las fiestas pintándose el cuerpo con los colores sagrados negro, rojo o blanco; y para los triquis en Oaxaca la resurrección de Cristo guarda también relación con el símbolo de la mariposa, que representa metamorfosis y renovación.
Semana Santa en Mexico
La unión del catolicismo y de las religiones mesoamericanas creó un sincretismo que influye no sólo en las principales fiestas, sino en todas las manifestaciones sociales. Una nueva cultura, rica y compleja, se forjó en el encuentro de dos visiones, muchas veces antagónicas, de la cual queda mucho por conocer y entender, pero que todos podemos apreciar.