Opinión

9-M-08, la incertidumbre democrática

José Luis Sanchís | Viernes 15 de febrero de 2008
El proceso electoral que nos lleva al 9-M-08 es, de momento, el más rutinario de los diez que hemos tenido desde la Transición y el más incierto en cuanto a resultados. Pero, precisamente por esto, el más democrático de todos ellos. Estoy plenamente de acuerdo con Claude Lefort, "la trama de la sociedad democrática se teje sobre la incertidumbre". Los diagnósticos electorales los basan muchos en vaticinios tipo horóscopo de los líderes y los partidos. Pienso que en una democracia consolidada es al revés, líder y partido hacen de la búsqueda de la sociedad su propio fundamento, su propia identidad. Líder y partido, como dice Lefort, "no son foco que ilumina el camino de la historia, sino el fruto de un consenso que no tiene validez vitalicia".

En una campaña electoral importa analizar los eventos sobresalientes que tienen repercusión en más o menos cantidad de votantes para fidelizar el voto de unos, para motivar el voto de otros y en algunos casos cambiar las preferencias o decidir a los indecisos. La esencia de la democracia se basa en la opinión y sensaciones públicas constituidas por el consciente individual pero más todavía por el inconsciente colectivo. En democracia no existe nada a priori que determine el voto aunque existan referencias a lo legítimo y lo ilegítimo, lo verdadero y lo falso, lo conveniente y lo desaconsejable. El marketing electoral no busca convencimientos de certeza sino la persuasión de los votantes predispuestos y la complicidad con los votantes críticos.

Pueden haber acertado en gran medida analistas como Hannah Arendt al avisar sobre la probabilidad de que el interés político -la preocupación por el progreso colectivo- desapareciera en beneficio de la preocupación exclusiva por satisfacer los intereses y necesidades individuales, pues no cabe duda de que la preocupación económica se ha convertido, como mínimo, en el motivo electoral prioritario para el destino del voto. Sin embargo, la esencia de la sociedad democrática es la búsqueda de sí misma a partir de la suma de subjetividades entre las que se dan, además de las económicas individuales, otras muchas preocupaciones: políticas, sociales, culturales, religiosas, y hasta utópicas.

Inesperadamente, de forma sorprendente, en el actual proceso electoral se ha añadido a la incertidumbre connatural política la incertidumbre económica que ha sobrevenido en los dos últimos meses, con la crisis internacional, la desaceleración del crecimiento, la subida de los precios y la consiguiente inflación y, sobre todo, el aumento del paro en diciembre y enero en porcentajes desconocidos desde hace bastantes años. Como contrapartida oportuna de la crítica al diálogo con ETA.

Los sondeos han sido coincidentes durante los tres primeros años de gobierno socialista en dar al PSOE una ventaja sobre el PP no muy grande pero muy similar a la obtenida en las elecciones de 2004. A raíz del fracaso del diálogo con ETA los pronósticos han dado durante meses un “empate técnico” que se ha roto en la primera semana de febrero con ventaja superior a los tres puntos para el PSOE. La valoración de Zapatero es muy superior a la de Mariano Rajoy, la aprobación al gobierno bastante mejor que la aprobación a la oposición, el deseo de cambio bajo, alto el porcentaje de los que quieren que gane Zapatero y muy alto el de los que creen que será él quien ganará. Con el handicap añadido del PP de tener a todas las formaciones políticas en su contra, lo que alimenta el rechazo mayoritario que se refleja en los sondeos con un porcentaje superior al 40% de los que confiesan que "nunca votarían al PP".

Pero el PP se beneficiará seguramente en proporción directa al protagonismo que adquiera la economía como tema central de la campaña. También saldría beneficiado si la participación es baja. Con un 70 por ciento o menos de participación el PP ganaría las elecciones con mucha probabilidad. Es fundamental para el PSOE movilizar a su electorado. Los debates, si finalmente se celebran, pueden ser decisivos para Rajoy por el tema económico pero también para Zapatero si los utiliza para mover a su electorado contra la amenaza política y social de la derecha.

En votos la cifra de 11 millones es mágica para cualquiera de los dos. En escaños habrá unos campos de batalla decisivos: Cataluña y Andalucía en donde el PP tratará de reducir su diferencia a 400.000 votos que fue en 2004, respectivamente de 950.000 y 850.000; en Madrid, donde tratará de multiplicar por diez la diferencia de 30.000 votos que obtuvo en 2004; y en Valencia donde trataría de subir también a 300.000 la diferencia anterior de 100.000 votos a su favor.

Si no se produce ningún acontecimiento extraño, esta campaña puede ser las más normal de las diez vividas hasta ahora, aparentemente ordinaria y poco emotiva, pero con el atractivo más importante de la democracia, la incertidumbre de su resultado. Como dijo el filósofo Maurice Blondel, "el futuro no se prevé sino se construye" y la sociedad española, en el juego democrático de acuerdo y desacuerdo con los candidatos a representarla, va a levantar las estructuras de su próxima autoconstrucción.

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