Carlos Arriola | Viernes 17 de abril de 2009
La visita relámpago del presidente Obama tuvo como objetivo apoyar políticamente al presidente Calderón en su lucha no ganada al crimen organizado. Las semanas precedentes altos funcionarios de Obama consideraron que el gobierno mexicano corría un “riesgo existencial”; que no controlaba varias regiones del país, y que era un “Estado fallido”.
Ante la indignación de Calderón vinieron las rectificaciones pero no los propósitos de enmienda. Hillary Clinton negó la tesis de “Estado fallido”, pero anunció la creación de una oficina binacional para combatir el crimen organizado, al parecer sin conocimiento del gobierno mexicano. Después, altos mandos militares estadounidenses informaron que por vez primera México participaría en maniobras navales conjuntas, antes de que el Senado mexicano lo aprobara. También se informó que el candidato a embajador en México sería el autor de la tesis del Estado fallido. El proconsulado por las buenas.
Los políticos estadounidenses, e incluso muchos académicos, no gustan de distinguir gobierno y Estado, prefieren hablar de la “administración” que de gobierno, y de public policies en lugar de politics. En el exterior se preocupan más de promover gobiernos amigos que por construir Estados fuertes con instituciones sólidas. Desconfían de los partidos de masas y prefieren a los dudosos representantes de una informe sociedad civil. No debe sorprender, ya que resulta más fácil manipular personas que manejar instituciones. Por ello se les dificulta el Nation building que sólo puede construirse desde el Estado y requiere tiempo y paciencia. Las antiguas potencias europeas saben de ello.
La originalidad de la vía mexicana para transitar del mundo tradicional, holístico, hacia una sociedad moderna nunca fue del total agrado de los gobiernos estadounidenses, ya que se basó en la existencia de un Estado fuerte, en reformas sociales y en una libertad de mercado acotada. Si lo toleraron fue porque garantizó la estabilidad política y el orden social en su frontera sur particularmente durante la guerra fría.
Cuando la amenaza socialista desapareció y vieron que el PRI se dividía (1986 y 1994) y que el electorado se inclinaba hacia la izquierda, para regresar a los principios del Estado mexicano, modificaron su tolerancia anterior. En más de un sentido presionaron para que la alternancia de partidos tuviera lugar en la Presidencia de la República y para que el sector energético se abriera al capital privado.
La “visión de futuro” (cursi expresión neoliberal) de los políticos estadounidenses es miope. Nunca vieron que el Estado y las instituciones de la Revolución Mexicana, el PRI incluido, eran sólidas y resistieron a los zapadores del gobierno del presidente Zedillo, sustituto del candidato priísta asesinado en 1994. Tampoco percibieron la fragilidad del PAN, la incapacidad de sus miembros para gobernar y su falta de apoyo popular, menos la poquedad del ex gerente de Coca-Cola, Vicente Fox.
Significativamente hablan ahora de Estado fallido en México, cuando bien saben que lo único fallido es el gobierno de la derecha que les prometió “verdadera” democracia y libertad total de mercado. El fracaso de Fox y la crisis económica han sepultado estas pretensiones.
Para restablecer la credibilidad del PAN y la legitimidad de Calderón, este embarcó al ejército en tareas que no le corresponden y con las que no se encuentra a gusto. El día de la visita del jefe de Estado estadounidense 44 personas fueron asesinadas, pero el presidente Obama no adquirió ningún compromiso para detener el flujo de armas de asalto a México, a pesar de que reconoció su procedencia.
La prensa mexicana vio con escepticismo los resultados de la visita, ya que tampoco hubo compromisos en las materias que interesan a México: migración y comercio. El apoyo del carismático Obama al fallido gobierno se erosionará rápidamente por el desempleo y la falta de acuerdos acerca del comercio e inversión.
No puede calificarse de fallido al Estado mexicano, el único estable en Latinoamérica desde 1917 y capaz de resistir hasta los presidentes del Partido Acción Nacional.
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