Opinión

La realidad de la Seguridad Social: una verdad incómoda

Viernes 17 de abril de 2009
El cruce de declaraciones entre el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, es una prueba más de lo mal que digieren los gobiernos en general –y este en particular- todo aquello que no sean loas a su política. El ministro de Trabajo y los sindicatos han puesto el grito en el cielo, porque se saben responsables; el uno, por incompetencia, y los otros, además, por inacción. Y lo llamativo del caso no es sólo que la cuña proceda del propio árbol -Fernández Ordóñez es socialista-, sino que además se han tomado sus declaraciones como un ataque frontal, cuando lo único que el gobernador hizo, cumpliendo con su papel, fue manifestar su opinión sobre una serie de cuestiones que le son propias. En las que, dicho sea de paso, su información y aptitud están fuera de toda duda.

Las palabras del gobernador del Banco de España son fiel reflejo de un análisis certero y atinado. A causa de la destrucción de empleo, debido a la crisis, ha descendido significativamente el número de cotizaciones a la Seguridad Social. Eso no es alarmismo. Son hechos y, como tales, incontrovertibles. Más subsidios de desempleo y menos cotizantes hacen que la caja de la Seguridad Social pueda ser deficitaria en breve. El Gobernador ha dado la voz de alarma y se ha permitido sugerir que, en determinados casos, sería bueno poder elevar la edad de jubilación hasta los 70 años. Lo cual, siempre y cuando sea facultativo y no imperativo, es algo a considerar.

Ocurre que el Ejecutivo de Zapatero es incapaz de admitir dificultades. En su universo virtual no hay sitio para realidades económicas, sino para fotos y sondeos. Ni siquiera si la advertencia viene de alguien con la solvencia intelectual del gobernador del Banco de España, a la sazón uno de los suyos. Pero es que además, Fernández Ordóñez tiene todo el derecho del mundo a expresarse como le parezca oportuno, siempre y cuando lo haga dentro de los parámetros institucionales que conlleva su cargo. Eso ha hecho. Lo cual es sano: un signo de que todavía funcionan las instituciones y de que un funcionario honesto se siente independiente; antes profesional que político, no importa de qué partido. ¿Dónde está el problema entonces? Simplemente, en que las declaraciones en cuestión suponen un aldabonazo de realidad en la burbuja sonrosada en la que el señor Zapatero nos quiere convencer a todos que estamos. Y es que hay veces que la realidad es desagradable. Pero es verdad: y toda verdad amordazada prepara su venganza.

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