Miércoles 22 de abril de 2009
Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha vuelto a irritar a las huestes del señor Zapatero. Da la impresión de que el gobernador del Banco de España no puede abrir la boca sin que se le echen encima destacados zapateristas, incapaces de digerir sus atinadas declaraciones. El caso es que si se acude a sus palabras, cuesta entender tanta inquina por parte del Gobierno. El otro día alertaba de algo tan obvio como que si la Seguridad Social sigue perdiendo afiliados y teniendo que hacer frente a tantos subsidios de desempleo -o lo que es lo mismo, menos ingresos y más gastos-, puede llegar a perder su actual superávit. Y ayer, ahondando en esta misma idea, insistía el Gobernador en la necesidad de reformar la Seguridad Social para poder resistir mejor a este tipo de contingencias.
No sólo molesta lo que dice porque es verdad, sino además porque quien lo dice es una persona de probada capacidad. Alguien debería explicarle a los ministros que realizar análisis serios cuyos resultados reflejen la actual situación económica no tiene nada de malo. Antes al contrario: tomar conciencia de la realidad ayuda a enfocar mejor las vías de reforma más efectivas. Al mismo tiempo, conviene recordad que el gobernador del Banco de España forma parte de un organismo autónomo, no sujeto a censuras y que, por tanto, puede expresar su opinión con total libertad. A pesar de que el auxiliar de imprenta metido a ministro de Trabajo -tal es el curriculum de Celestino Corbacho- se permita el lujo de mandarle callar. No anda el país tan sobrado de altos cargos solventes como para que cuando uno, además de decir lo que piensa, piense lo que dice se le reconvenga. Y menos aún, si tiene razón, como es el caso.