Opinión

Una foto de Gobierno para una realidad sin gobierno

Jueves 23 de abril de 2009
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, comparecía ayer en el Congreso para explicar los motivos que le impulsaron a remodelar su Gabinete. Como no podía ser de otra manera, defendió a capa y espada los cambios llevados a cabo, a la vez que arremetía contra quienes le criticaban -no sólo el PP, sino también sus queridos y ahora más distantes nacionalistas-. No se le vio cómodo. Quizá por eso mismo sus explicaciones fueron vanas e inconsistentes, lo que aprovechó Mariano Rajoy -esta vez sí- para desmenuzar lo absurdo de tanto movimiento de fichas sin sentido alguno. Lo que el discurso de Rajoy vino a significar fue el manifiesto desconocimiento que Zapatero tiene del funcionamiento de la administración pública.

Quitar Universidades a Educación y dársela a Ciencia y Tecnología para luego rectificar, reservarse para sí mismo la cartera de Deportes -no hay que desaprovechar las fotos con deportistas de élite- o rodearse nada menos que de tres vicepresidentes son argumentos lo suficientemente sólidos como para que el señor Zapatero no tuviese muchas vías de escape. Por si esto fuera poco, a mediodía José María Aznar reunió al que fue su primer equipo de gobierno, en una comida de confraternización que sirviera de apoyo a Jaime Mayor Oreja en su campaña europea. Allí estaban todos: Rato, Esperanza Aguirre, Eduardo Serra y un ilustre elenco de personalidades que no precisaban de una cartera ministerial para demostrar su valía, suficientemente probada en la trayectoria personal de cada uno. Y claro, las comparaciones son odiosas. Porque, por encima de preferencias políticas de uno y otro signo, contrastar la solvencia intelectual de unos con el curriculum de otros, miembros y “miembras”, deja en un pobre lugar al gabinete de Zapatero. Quien, por otra parte, bien debiera mirarse en el espejo de sus antecesores y darse cuenta de que parte de su éxito o fracaso radicará en la elección que haga de sus colaboradores y en la seriedad y solvencia de sus planteamientos. El tiempo de fotos y teatro se ha agotado. La opinión demanda realidades: profesionalidad y soluciones concretas.

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