El periodista y escritor Joaquín Santaella ha presentado este jueves, en el Centro Conde Duque de Madrid, el libro “Vino torcido”, en el que desentraña qué significa ser alcohólico en una sociedad llena de prejuicios
El auditorio del
Centro Conde Duque se ha quedado pequeño para arropar a
Joaquín Santaella en la presentación de su libro,
“Vino torcido”: un relato de primera mano sobre el alcohol, en el que el periodista cuenta, denuncia y transmite esperanza en cada página. El autor ha estado acompañado de
José Manuel Torrecilla, director gerente de la Agencia antidroga de la Comunidad de Madrid;
Esteban Megías, director técnico de FAD; y su colega de profesión
Andrés Aberasturi. Los tres asistentes han coincidido en destacar el esfuerzo de Santaella por reflejar los
embistes que produce el alcohol a quien cae en sus redes.
El relato, calificado por el autor de
“producto literario”, no pretende ser un libro de autoayuda. Lo mismo opina Aberasturi, para quien se trata de un trabajo “didáctico con tintes de novela", cuya prosa es "cuidada, clásica y mimada".
Esteban Megías, Joaquín Santaella, José Manuel Torrecilla y Andrés Aberasturi (Foto: Manuel Engo)
Pese a que está escrito desde la experiencia del autor tras su paso por ocho centros de atención a esta adicción, Santaella huye de sentimentalismos e insiste en que lo ha escrito con la intención de poner los
puntos sobre las íes. Así, afirma que ha sentido la necesidad de “salir a la palestra y
sin complejos” para contar una realidad de la que la
sociedad acostumbra a evadirse, bien por desconocimiento o bien intereses. Según Torrecilla, “son muchos los
intereses económicos”, por lo que sería complicado imaginarse “una España sin las pesetas procedentes del vinillo de Rioja”. Algo que comparte Megías, que añade “los intereses culturales” de muchos grupos.
Joaquín Santaella y Andrés Aberasturi (Foto: Manuel Engo)
En el trasfondo de las páginas del libro de Santaella y los discursos de cada uno de los asistentes se ha repetido una constante: incidir en que hay que tomar conciencia de que
el alcohol es una droga, y además dura. Pero hay algo más. “La importancia de entender que los alcohólicos son
personas normales”, ha dicho Megías. A pie de calle, la realidad es otra. Santaella y Megías han coincidido al afirmar que el alcoholico es tratatado como un
“bicho raro". Incluso, el representante de la FAD va más allá. “Se da una repulsión instintiva de la sociedad a aceptarlo”, matiza.
“El alcohol es un
disolvente universal” o “el alcohol está correlacionado con la distorsión social” son alguna de las conclusiones que se derivan de un libro en el que todo es sensibilidad, nada es escabroso y hay mucho de denuncia.