Opinión

Leer y escribir en español

Jueves 23 de abril de 2009
Ayer se celebraba el Día Internacional del Libro, con el español como auténtico protagonista. Y es que, con permiso del chino, el castellano es hoy el segundo idioma más hablado y leído del mundo. Todo un patrimonio cultural. Es el nuestro un idioma riquísimo, gracias a las aportaciones de uno y otro lado del océano y, como tal, hay que cuidarlo. Lo cual no significa que goce de mala salud; antes al contrario, el español está muy vivo y, buena prueba de ello, es que, pese a la crisis, se ha detectado un aumento del número de lectores.


Pero español no sólo es el castellano. También lo son el catalán, euskera y gallego; lenguas, en fin, habladas en otras tantas partes de España y que conforman el acervo cultural de un país privilegiado. Idiomas nuestros que necesitan apoyo, protección y promoción. Cuanta más, mejor. Pero promoción positiva, que no prohibición y discriminación negativa contra idioma alguno. Aunque cosa tan elemental y sensata no sea compartida por todos. En esa idea incidía precisamente el nuevo premio Cervantes, Juan Marsé -cuyo galardón recibió ayer mismo, por ser la fecha que era-, un catalán que escribe en castellano y que no ve “nada anormal en ello”. La lógica de Juan Marsé no lo es tanto si se tienen en cuenta los disparates cometidos por los nacionalistas en sus respectivas comunidades autónomas, siempre al amparo de la lengua.


He ahí el problema: en España, cuna de Cervantes y del español, es donde se ataca, no el idioma, que es universal y, como tal, bien se defiende solo, si no a los niños catalanes, vascos o gallegos cuando se les dificulta ese instrumento de comprensión internacional. Es esta una política producto de la ignorancia de un nacionalismo radical, reaccionario, autoritario y trasnochado, y de la indefinición y los complejos de una izquierda que renuncia a su internacionalismo para competir en nacionalismo. Si leyeran a Unamuno, sabrían que el nacionalismo “se cura viajando” porque -nos asegura Cervantes en el Persiles- “viajar hace a los hombres discretos”. Pero, para los nacionalistas que renuncien a viajar, leer -incluso en castellano- también es buena medicina.