Víctor Morales Lezcano | Viernes 24 de abril de 2009
Desde hace escasamente dos meses, el panorama social marroquí ha comenzado a ser golpeado por una serie de manifestaciones.
Se trata de “puntos calientes” habituales -como es la Universidad-; o de otros -como la huelga del transporte que ha estallado en el arranque del mes de abril, pero que estaba anunciada a las claras desde hacía algún tiempo-. Al primer conflicto le dedicaremos algunos comentarios conexos; pospondremos para la próxima entrega algunas reflexiones sobre el otro extremo conflictivo.
El malestar en los campuses universitarios de Marruecos viene de lejos, cuando en los años 70 surgieron movimientos estudiantiles del género de izquierda revolucionaria, como el movimiento 23 de marzo.
Las nuevas hornadas de licenciados en paro no podían -ya entonces- no ver claro que el triunfo del movimiento nacional (Istiqlal/USFP, en particular) no era una panacea curativa; regeneradora milagrosamente de una sociedad que iniciaba entonces su fase de subdesarrollo gradual. Empieza entonces en todo el Magreb el cacareado divorcio entre el Estado, que monopolizan las nuevas jerarquías configuradas entre 1956-1962, y la ciudadanía -sea urbana, sea rural-.
Hacia 1979-1980, sin embargo, nace el contestatario movimiento basista, que se difunde cual reguero de pólvora por la geografía universitaria del país.
Finalmente, de resultas del “aperturismo” hassaní, a pesar del rey Hassan mismo, otra corriente étno-cultural de estirpe berberista -o corriente amazigh- se ha ido haciendo fuerte en medios universitarios marroquíes; postulando, como era de esperar, no sólo el reconocimiento de la especificidad etno-cultural -y lingüística- bereber, sino su aspiración a constituir islotes de autonomía en el mapa territorial y administrativo del reino alauí.
Las tres corrientes evocadas antes (gauchiste, islamista y berberista) vienen inter-hostigándose de unos meses a estos días, para satisfacción de más de un politicastro y para inquietud de todo el profesorado facultativo.
La respuesta del aparato hassaní a las oleadas de protesta estudiantil no se hizo esperar. Las detenciones, los juicios por delito de opinión, la violencia policial llegada la hora de disolver a los manifestantes, tiñeron de cólera la atmósfera universitaria de aquellos años. Bien pensado, el poder del sistema, que en Marruecos posee tanta consistencia como falta de escrúpulos (sobre todo en los “años de plomo”), descargó su parafernalia represiva sobre el sector rebelde de la juventud universitaria.
Pero cierto es que todo conoce mutación y cambia con los años. En el caso específico de los campuses universitarios de Marruecos comenzó a causar estragos en los años noventa la corriente islamista, en consonancia con la configuración del PJD (Partido de la Justicia y la Democracia) y la difusión social de la Asociación Justicia y Beneficencia, a partir de su labor inicial de “apostolado” emprendida años antes por el cheikh Yassine. Para el Majzen se oteaba en el horizonte social inmediato la figura del factor salafí, que estaba arreciando por entonces en Turquía y en el mundo árabe-islámico.
Coincidiendo con la regresión de la izquierda en Europa, a partir de la caída del muro de Berlín, sobrevino en Marruecos, la oleada islamista en la Universidad, ágora, espacio público significativo donde lo haya siempre que llega el momento de la confrontación ideológica.
No hay tendencia en nuestra columna “Al sur de Tarifa, al norte de Espartel”, ni a exagerar la noticia ni a deslizarse por la pendiente de la complacencia (Schadenfreude de los alemanes) al observar los inconvenientes que asolan al vecino. Sin embargo, habría que subrayar aquí el hecho de la intensificación de los antagonismos inter-universitarios en Marruecos, como indicio barométrico de las tensiones sociales, sofocadas en su origen y mal disimuladas con frecuencia por las autoridades de turno y el aparato informativo.
En resumen, que si la Universidad se encoleriza, buena cuenta habría de tener el Sr. Abass el-Fassi, primer ministro del gobierno, en parar mientes en el dato indiciario de las revueltas juveniles, que se están dando, porque, como veremos en la próxima entrega, están convergiendo demasiadas demostraciones de malestar social en Marruecos como para seguir practicando un avestrucismo decepcionante por parte de los responsables de la gobernanza del vecino país magrebí.
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