América

Rafael Correa: sin rivales

Análisis

Sábado 25 de abril de 2009
Este domingo 26 de abril 10 millones de ecuatorianos asistirán a los centros de votación para elegir al presidente, al vicepresidente y los asambleístas que encabezarán el nuevo gobierno ecuatoriano tras la reforma constitucional de noviembre de 2007, y en donde la balanza electoral se inclina a favor de Rafael Correa. Por Sabrina Gelman B.

Este 26 de abril Ecuador se someterá a un proceso electoral que no promete grandes cambios ni sorpresas. Tras el referéndum y la reforma constitucional que tuvo lugar en noviembre de 2007, el pueblo ecuatoriano le dio luz verde al presidente Rafael Correa para que pusiera en marcha un proceso de cambio, que causalmente o causalmente, resulta muy paralelo al experimentado por Venezuela en 1999.

De acuerdo con un sondeo elaborado por la encuestadora SP Estudios e Investigaciones, el mandatario ecuatoriano llega a las elecciones del próximo domingo con una sólida mayoría del 50 por ciento, una perspectiva que le aseguraría la victoria en 23 de las 24 provincias que conforman el país suramericano. La encuesta que posee un margen de error de tan sólo 3 por ciento, corrobora un resultado que estaría más que anunciado, ya que en los últimos meses, pese a la fuerte crisis que azota a la economía ecuatoriana, la popularidad de Correa se ha mantenido firme y saludable en los sondeos, al extremo de que se ha permitido el lujo de aventajar con una abrumadora brecha de 34 puntos a su más cercano contendiente: el ex presidente Luciano Gutiérrez.

Todo parece indicar que Rafael Correa podría obtener una victoria que superaría en 10 puntos a sus rivales, lo que le ahorraría el trámite de pasar por una segunda ronda electoral, que de tener lugar se llevaría a cabo el 14 de junio de este año. No obstante, si los sondeos cumplen las proyecciones previstas para los comicios de este fin de semana, el actual Jefe de Estado de Ecuador no sólo se ratificaría en el cargo, sino que consolidaría una iniciativa “revolucionaria”, exportada directamente del socialismo bolivariano de su homólogo venezolano Hugo Chávez.

Correa y Chavez


Sin embargo, y dada la simpatía que despierta en la región la nueva administración estadounidense, sobre todo después de la V Cumbre de las Américas, en donde los estados miembros del ALBA, entre los que se encuentra Ecuador, se mostraron encantados por el giro de 360 grados que ha dado la política norteamericana desde que Barack Obama asumió el poder el pasado 20 de enero.

Una situación que podría instar a que algunos gobiernos afines a las políticas radicales de Hugo Chávez, comenzaran a desmarcarse un poco del “Socialismo del Siglo XXI” para seguir la línea moderada de gobiernos como el de Michelle Bachelet en Chile o mejor aún, copiar el modelo de “socialismo aperturista” de Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil.

Rafael Correa declaró hace unas semanas que de ser reelecto apelará a la “madurez política nacional” con el objeto de llegar a un acuerdo nacional con los partidos de oposición. De ser así, esperemos que el gobierno ecuatoriano logre el consenso y la pluralidad que demanda el Estado de Derecho de toda democracia que se respete.

Entre tanto, habrá que esperar si este 26 de abril se inicia una nueva etapa en la historia de Ecuador, en el que Correa o bien comience a establecer las bases para la concepción de un proyecto de gobierno autóctono, o simplemente responda a las pautas de esa franquicia llamada “revolución bolivariana”. Lo único que queda claro es que millones de ecuatorianos confían en este rebelde de orígenes burgueses, que llegó a la presidencia de Ecuador por ser un sinónimo de ese cambio que el país tanto necesita.

Pero para que esto suceda, Correa debe asumir la responsabilidad de encausar a su nación por la senda correcta y no desgastarlo con el uso y el abuso de un modelo de corte populista que no corresponde al contexto sociopolítico ecuatoriano. Y es que a Rafael Correa le ha llegado el momento de dirigir la mirada hacia Ecuador.

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