Opinión

Turquía, a Europa vía Washington

Domingo 26 de abril de 2009
La llegada de Obama a la presidencia norteamericana ha reavivado la vieja pretensión turca de ingresar en la Unión Europea. Ankara siempre ha mirado hacia Europa con una mezcla de deseo y aversión, en lo que tradicionalmente ha dio una postura cargada de complejos y resquemor. Tanto el actual mandatario turco, Tayyip Erdogan, como sus antecesores, han buscado siempre un acercamiento a Bruselas, sin que sus pretensiones hayan sido acogidas de forma rotundamente favorable por país alguno. Excepción hecha de España, compañera de viaje de Turquía e Irán en la Alianza de Civilizaciones, pero dado el peso político del presidente Zapatero a nivel internacional, quizá el señor Erdogan debería buscarse más apoyos.


Estados Unidos no vería con malos ojos que Turquía entrase formalmente en Europa. Y no lo haría, porque se aseguraría un valioso aliado en un continente con el que, pese a los lazos de amistad, siempre ha rivalizado. Además, la mayor parte de la población turca es musulmana, con lo que eso significa. Por estas y otras muchas razones, Turquía es un país de un peso considerable y creciente, situado en un lugar de enorme importancia estratégica para Occidente. En este sentido, su vinculación creciente con la Unión tiene un interés indudable para Europa. Pero en frente están Francia, Alemania e Italia. Y sus reservas en relación a la entrada inmediata de Turquía en la Unión no son fáciles de ignorar. Geográficamente, sólo una pequeña porción del territorio otomano puede considerarse europea. La historia de Turquía poco tiene que ver con la de los países que conforman la Unión, salvedad hecha de una larga cadena de enfrentamientos. Culturalmente, las diferencias son notables. Y políticamente, el régimen de libertades y respeto a los derechos humanos en Turquía es manifiestamente mejorable. Por no hablar del profundo antisemitismo y del cada vez más incipiente fundamentalismo islámico que vive el país. Razones todas ellas lo suficientemente sólidas como para tratar el asunto con todo interés pero con suma prudencia.