Opinión

¿Glamour francés o intereses de Estado?

Lunes 27 de abril de 2009
Pocas visitas oficiales han despertado tanta expectación como la que estos días lleva a cabo el presidente de Francia a España. Pero no siempre por razones de peso. Y ello es así porque, llevando en su agenda el mandatario galo temas de hondo calado político para ambas naciones y firmándose hoy martes un importante acuerdo entre París y Madrid, parece que lo que realmente importa es la indumentaria de la esposa de Nicolas Sarkozy, Carla Bruni. La ex modelo, metida a cantante y primera dama a la vez, ha acaparado la práctica totalidad de portadas y tertulias, hasta el punto de que hay quien ha pretendido inventarse un presunto “duelo de moda” entre la vestimenta de la Princesa de Asturias y la esposa de Sarkozy.


La trayectoria de Nicolas Sarkozy al frente del Elíseo es perfectamente opinable. Opinables son sus decisiones sobre las medidas económicas que Europa debe adoptar ante la crisis y opinables son igualmente sus iniciativas a la hora de evitar conflictos sociales en su país. Se le puede criticar un cierto afán de protagonismo, no siempre buscado aunque tampoco evitado. Pero lo que resulta de todo punto inaceptable es trivializar hasta el límite de lo grotesco la ejecutoria de una persona únicamente por su vida privada, por lo demás nada anormal. Nicolas Sarkozy se ha casado con una modelo, y punto. Su vida privada es precisamente eso, privada. Sólo a él concierne e interesa, mientras no incida en cuestiones de Estado. Además de a los franceses, a los ciudadanos europeos, en general, y a los españoles, en particular, lo que nos interesa es que sus políticas sean acertadas.