Arantza Quiroga preside la Cámara de Vitoria con tan sólo 35 años. Pertenece a la generación de Miguel Ángel Blanco, joven y abofeteada por el terrorismo. EL IMPARCIAL ha entrevistado a una política tímida pero con carácter y de ideas claras. Heredera de las enseñanzas de Mayor Oreja o San Gil, sabe que ahora “las circunstancias son distintas”, y que forma parte de un Gobierno histórico “cuyos gestos producirán una onda expansiva que se verá en otros ámbitos de la sociedad”.
Arantza Quiroga, en su toma de posesión. Efe
¿Siente vértigo ante lo que tiene por delante?Sinceramente, sí. Me voy acostumbrando, pero hace días, cuando pensaba que era la presidenta del Parlamento vasco, me entraba vértigo por la responsabilidad que ello conlleva y porque no me imaginaba en ningún momento que esto pudiera pasar.
Pero pasó. ¿Está preparada?En el día a día lo sabré. En lo que respecta al funcionamiento de la Cámara tengo una experiencia de 11 años que creo que me ayudará. Además, he sido una parlamentaria muy activa y conozco la casa por dentro y los procedimientos. Pero sí que es verdad que, por otro lado, hay una parte que desconozco, que es la parte de representación que supone ser la presidenta del Parlamento vasco, que es lo que aprenderé en ese día a día.
¿Aparca la timidez cuando ejerce la política?La política obliga a vencerla. En campaña, me sorprendía tener que hablar en el centro de un pueblo y me preguntaba: ¿he sido yo capaz de esto? Me quedaba alucinada y sobre todo estos días que me ha tocado hablar en el Parlamento, en la Junta de Portavoces, en la Mesa… Todas esas cosas que he hecho durante la campaña me han servido ahora para estar más suelta y vencer esa timidez, aunque es un ejercicio que tengo que hacer todos los días.
¿Cuáles cree que son las virtudes que le han llevado hasta este lugar?Quizá el haber estado pedaleando todo este tiempo, pero creo que habría que preguntarlo a alguien de fuera y no a mí misma. Buscaban el perfil de una persona con experiencia, y creo que reúno ese requisito. Espero estar a la altura de las personas que confían en mi.
Ser político en el País Vasco es diferente. Los dirigentes con los que ha tenido ocasión de hablar este periódico inciden en el término "compromiso". ¿Hacen falta también agallas y valentía?Hace falta compromiso porque ser político en esta tierra es muy complicado y supone que tu vida cambie, sobre todo si militas en el Partido Socialista o en el Partido Popular. Nos caracteriza eso, el compromiso. Las agallas o la valentía dependen de cada uno. Yo siempre he dicho que paso mucho miedo porque sabes y eres consciente de que estás en situación de peligro. Pero precisamente ese compromiso, ese saber que tantas personas lo pasan mal, ese haber visto a tantos compañeros asesinados es lo que te mueve a sacar fuerzas todos los días, a vencer ese miedo y salir adelante.
La próxima será una legislatura constitucionalista histórica en la que se prevé un rechazo frontal y un ahogo institucional y económico a Eta. ¿Temen el doble filo de esas medidas? No hay que tener miedo a seguir adelante, Eta no nos puede condicionar absolutamente nada, sabiendo que va a ser difícil. Ojalá no tengamos que lamentar nada, pero hay que ser realistas: Eta esta ahí, matar es fácil y debemos ser conscientes de ello y actuar con responsabilidad.
¿El acuerdo entre López y Basagoiti es una herida de muerte para Eta?Desde luego, porque no debe esperar absolutamente nada, no debe tener ninguna esperanza. Este Gobierno que nacerá va a estar enfrente, no le va a dejar ningún rincón de impunidad en el País Vasco y ese es un gran cambio que va a percibir la sociedad vasca y que va a permitir que los ciudadanos se sacudan también el miedo y la imposición que hemos vivido todos estos años.
¿Qué se siente al perder a un compañero?Es indescriptible. Es dolor, rabia, una impotencia tremenda, pero también, a la vez, una determinación para seguir adelante, para que no sea una muerte en vano.
Imagen en la que se puede ver a unos jóvenes Antonio Basagoiti, Iñaki Oyarzábal, Arantza Quiroga y Miguel Ángel Blanco, entre otros.
La suya es una generación joven, muy curtida y unida por el dolor. ¿Qué caracteriza a esta nueva hornada?Es una generación que se caracteriza por el compromiso. Todos llegamos muy jóvenes, llegamos en un momento muy difícil y eso nos ha fortaleció y apuntaló nuestro compromiso. La lástima es que personas como Miguel Ángel Blanco no hayan podido llegar a este momento, como tantos otros. Es el momento de abrir una nueva etapa y que el Partido Popular en el País Vasco sea cada vez capaz de aglutinar a más personas en torno a nuestro proyecto.
Se muestran respetuosos con sus antecesores, Jaime Mayor Oreja y María San Gil, pero nunca han callado sus discrepancias ni se les puede acusar de no hablar claro. ¿Qué les diferencia? Nos diferencia poco porque todos somos miembros del PP. Yo he aprendido mucho de Jaime y de María y ahora nos toca a nosotros estar al frente del partido, pero en unas circunstancias distintas. Sabiendo que tenemos problemas muy importantes encima de la mesa debemos ser capaces de trasmitir ilusión y de demostrar que somos útiles. Es cierto que nos ha dado tiempo a hacer muy pocas cosas porque Antonio Basagoiti fue elegido presidente del Partido Popular del País Vasco en julio y casi nos tuvimos que poner desde el primer minuto a preparar las elecciones autonómicas. Ahora es el momento de seguir en esa senda que hemos querido abrir y de profundizar en ella, llegar a más personas.
Se sitúa en el “ala conservadora” del PP…Se han dicho tantas cosas… El tema del ala conservadora surgió porque me preguntaron si era conservadora, y aclaré que habría primero que decir qué es ser conservador. Puedo ser del ala conservadora si se me quiere definir así dentro de un grupo de personas que estamos dentro del PP. Si algo tiene bueno el PP es que nos encontramos personas que pensamos de distinta manera: Antonio (Basagoiti) piensa distinto que yo, Iñaki (Oyarzábal) piensa distinto que yo en muchas cosas. Lo que decía usted de hablar claro lo he acuñado como el “estilo Basagoiti” porque Antonio tiene un estilo muy directo y es lo que las personas, en este caso los vascos, están demandando, llamar a las cosas por su nombre.
Quiroga junto al presidente del PP vasco Antonio Basagoiti. Efe
¿Cómo es la persona que la ha elegido para desempeñar la Presidencia de la Cámara de Vitoria?Trabajar con Antonio es divertido porque tiene mucho sentido del humor. Pero si algo me gusta de él es que respeta mucho a las personas, que le gusta hacer equipo, no cree en los personalismos y nos da bola a todos. Además, tiene una idea de lo que tiene que ser el PP en el País Vasco forjada en su amor por esta tierra y en sus ganas de que esto cambie. Nunca pierde la perspectiva y eso ha hecho que esta negociación haya sido exitosa, ha salido un buen documento del pacto y es un motivo para la esperanza.
¿Le ha dado tiempo a conocer un poco más a Patxi López?Aparte de saludarnos cordialmente no hemos podido hablar porque los dos tenemos muchas cosas en la cabeza, pero espero que lo hagamos en breve. Le deseo mucha paciencia y mucha suerte en la designación de los consejeros del nuevo Gobierno, porque en ello nos va mucho a los vascos.
De puertas afuera se observa cierta tensión por parte del Partido Nacionalista Vasco hacia el futuro Ejecutivo autonómico. ¿Escenografía política o ruptura?Los roces son lógicos y eso forma parte del día a día de la Cámara, no he notado una especial tirantez con el PNV. Es verdad que se me ha criticado porque no sé euskera, pero, una vez soy ya presidenta, me estoy encontrando con colaboración, la misma que el resto de grupos, y espero que esto siga así, con las lógicas discrepancias que espero resolver de forma exitosa. Mi papel lo que requiere es mucha paciencia e intentar buscar todos los acuerdos posibles.
En su primer discurso como presidenta citó a Pericles: "Somos libres y tolerantes en nuestras vidas, pero en los asuntos públicos nos ceñimos a la ley". ¿Iba dirigido a aquellos que confunden su vida personal o privada con su hacer político? Sí, sobre todo a aquellos que querían pensar que yo estaba invalidada por tener unas creencias determinadas. Espero que haya calado ese mensaje, quería dejarlo claro porque es importante. Fue un mensaje directo.
Quiroga bromea con Basagoiti y Oyarzábal el día de su toma de posesión. Efe
No tiene reparo en decir lo que piensa.Hay personas a las que les parece que me he excedido o que podía haberme callado, pero hay que tratar de ser sincero y ahora mismo me siento bien en el sentido de que todo el mundo sabe lo que pienso. Todo fue a raíz de aquella famosa entrevista. Lógicamente, no me preguntó qué hacía con mi vida sexual, porque le hubiera dicho “y a usted qué le importa”, sino que me preguntó por el Papa, sobre si se había equivocado en sus declaraciones en su visita a África sobre el preservativo. Tenía dos opciones: colocarme de perfil, ser políticamente correcta y no contestar, o decir lo que pienso. Por sinceridad y por lealtad me parecía que tenía que hacerlo. Es verdad que luego me han criticado muchísimo y las críticas han llegado más allá del respeto, pero, luego, miro a mis hijos y pienso que les he dado el ejemplo de que cada uno debe ser coherente, decir lo que piensa con libertad y asumiendo las consecuencias. Ya sólo por eso me siento bien y me compensa haberlo hecho.
La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, en referencia al aborto, espetó a los críticos que no deben confundir pecado con delito.Es verdad que a uno no le condena el Código Penal por haber cometido un pecado pero, en el caso concreto del aborto, me parece perverso que se hable de él como de un derecho de la mujer y que, disfrazándolo de derecho, que suena tan bien, estemos hablando de algo tan importante y tan terrible como determinar si uno mata o no. Pero parece que el Gobierno quiere seguir adelante y que está muy decidido. Tendremos que ser claros y contundentes desde el PP y defender lo que creo que defiende la inmensa mayoría de los españoles, pero hablando las cosas claras, hay que llamar a las cosas por su nombre para que sepamos de qué estamos hablando.
Se declara “optimista pero tremendamente práctica y realista”. En base a esto, ¿cómo vaticina que será la legislatura?Van a ser años complicados pero no tanto por el aspecto político, que es algo normal en una democracia, sino porque estamos en un contexto político muy complicado, de ahí que el segundo reto de este Gobierno después de la lucha antiterrorista sea la situación económica. Va a ser complicado y vamos a tener que echarle una mano al Partido Socialista desde el PP. Creo también que serán años esperanzadores porque vamos a ver gestos y este cambio va a producir una onda expansiva que va a ser positiva y se va a ver en otros ámbitos de la sociedad. Esa es mi esperanza, que los ciudadanos vascos se sacudan el letargo y que vean que hay otra forma de hacer política, que no es la que se ha hecho hasta ahora, y que cada vez más personas se unan a este cambio.
¿Ha resuelto su falta de tiempo para la lectura?Estoy leyendo dos libros ahora y, como tengo que viajar desde Irún hasta Vitoria, tengo hora y media para leer –cuando no hay curvas, que si no me mareo-. Así que el tema de la lectura lo tengo bastante resuelto. Pero sí que es verdad que me gustaría empezar las clases de euskera y espero que a partir de la semana que viene que acaba la jura, el pleno de investidura y demás, tenga tiempo de centrarme, ordenar y hacer las cosas que tengo pendientes.
Quizá el vértigo del que hablábamos lo sienta cuando mire atrás y vea dónde se encuentra ahora, a sus 35 años, 14 después del día que comenzó todo. En el camino ha tenido tiempo y fuerzas para tener cuatro hijos.El secreto es tener mucha ayuda alrededor. Tengo un marido estupendo que ha entendido que a mí esto de la política me apasiona, y también una familia cerca que me echa una mano. Tenía claro que quería formar una familia numerosa y eso requiere otros sacrificios. El sacrificio es que cuando me preguntan qué aficiones tengo respondo que pocas. Es un sacrificio personal pero que a mí me compensa porque me permite hacer las dos cosas que más me apasionan: estar con mi familia y dedicar mi tiempo profesional a la política.