Opinión

Esperanza Aguirre, la "bicha"

Alejandra Ruiz-Hermosilla | Jueves 30 de abril de 2009
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, es la princesa de los ángeles rebelados contra el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Y, como se descuide, la van a arrojar al abismo. Pronunciar su nombre es, entre las filas socialistas y algunas columnas “populares”, como mentar al mismísimo diablo. Este miércoles ha tenido la desfachatez de anunciar en sede parlamentaria una batería de 49 medidas para luchar contra la crisis económica que nos aflige mientras Rodríguez Zapatero estaba en Bruselas y su Ejecutivo remitía a la Cámara Baja un documento de cuatro páginas que, de cara al debate sobre el estado de la Nación del próximo día 12, insiste en que la Ley del Aborto y la de Libertad Religiosa serán dos de sus prioridades inmediatas.

¿Cómo se atreve la “bicha” a comprometerse en la Asamblea de Madrid a reducir el Impuesto de Actividades Económicas, el IRPF y el impuesto de matriculación casi al mismo tiempo que el presidente del Gobierno ofrece hacer balance, no concreta nuevas iniciativas, promete más diálogo social y apuesta por los acuerdos parlamentarios para abordar reformas estructurales?

Pero es que el escándalo no termina ahí. Esperanza Aguirre ha osado decir que no hay más remedio que reformar el mercado laboral. Y no es excusa que también lo hayan dicho el Gobernador del Banco de España designado por el Gobierno socialista, el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el socialista Joaquín Almunia, o un panel de 100 expertos entre los que se cuentan incluso ex secretarios de Estado de Economía de ejecutivos del PSOE.

Nada justifica que la presidenta de todas las madrileñas y madrileños se haya puesto el talante por montera y haya dado su apoyo a la sustitución de los “contratos basura” por otros nuevos y de al menos dos años de duración que, al concluir, se conviertan en indefinidos o reporten una indemnización de ocho días de salario. Así se comprende que no haya ni un solo sindicalista en España al que le resulte simpática la presidenta de la Comunidad de Madrid; que se cuenten con los dedos de las manos los políticos que de verdad aprecian a Esperanza Aguirre como Zapatero a Sarkozy; y que, sin embargo, sean millones los trabajadores que respaldan con su voto la gestión, no sólo económica, de la dirigente popular.

Ella quiere reactivar el sector de la vivienda, la industria del automóvil y su industria auxiliar. La presidenta madrileña reclama austeridad y empieza por suprimir la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes después de haber fusionado las de Economía y Hacienda. No se da cuenta de que lo que necesita España es estar en el G-20, luchar contra el cambio climático, tener por fin una Ley Integral de Igualdad de Trato y disponer de al menos tres vicepresidencias para discutir en profundidad sobre los cuatro millones de parados que serán cinco en cuestión de meses.

La pandemia del paro español, del que no nos protege mascarilla alguna, asusta de momento más que el virus de la gripe porcina, que da muchísimo miedo gracias a la OMS y a pesar de Trinidad Jiménez. Pero pasará el debate sobre el estado de la Nación y, sobre todo, pasarán las elecciones europeas y el Gobierno acometerá las medidas necesarias para paliar la crisis económica. Y si no lo hace, lo echamos, que para eso está la democracia.

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