Opinión

El Gobierno Zapatero, corregido por profesionales, socialistas pero solventes

Jueves 30 de abril de 2009
No hace todavía un año se nos decía que no había crisis. A quienes osaban insinuar que la realidad económica era la que era, se les acusaba de antipatriotas y catastrofistas. Por aquel entonces, se hablaba del pleno empleo como algo prácticamente conseguido, pese a los profesionales que ponían en duda semejantes patrañas. Casi –y a salvedad de un prefijo- del pleno empleo estamos a punto de llegar al pleno desempleo, como sigan así las cosas. Alertó de la precaria situación económica española el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, a propósito de las pensiones y el estado de la Seguridad Social. Y le ha secundado el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia.


Dos socialistas. Dos personas intelectualmente solventes. Y dos altos cargos cuyas declaraciones se le han indigestado a un Gobierno que digiere francamente mal todo aquello que no sean halagos hacia su calamitosa política económica. Desde la sede socialista de la calle Ferraz han intentado quitar hierro al asunto con el peregrino argumento de que sólo se trata de un par de opiniones a título particular. Pero el caso es que, a diferencia de escenas teatrales y ocurrencias, dichas opiniones tienen fundamento porque vienen de dos autoridades en la materia que saben de lo que hablan y piensan lo que dicen. Y, para colmo, llegan acompañadas del último informe del Banco de España, donde se demuestra que la economía española se contrajo un 2,9 por ciento en tasa interanual en el primer trimestre del año, la mayor en su historia reciente.


El informe en cuestión no es una mera opinión personal, sino que se trata de un concienzudo análisis basado en parámetros objetivos. Los datos están ahí. El consumo se ha retraído hasta límites insospechados, el mercado inmobiliario sigue en caída libre y la destrucción de empleo va ya por el cuarto millón de desempleados. España tiene los peores datos de la Unión Europea, lo que viene a significar que el tan manido carácter global de la crisis se hace notar con mayor virulencia allí donde no se hace lo correcto. Sigue sin emprenderse una reforma laboral. El incremento del gasto público no sólo no cesa, sino que va en aumento. Las previsiones económicas del Gobierno han de cambiarse permanentemente. Y un largo etcétera de indicadores nefastos que llevan a pensar que el diagnóstico de la economía es mucho peor que lo que nos quieren hacer creer el numeroso equipo de vicepresidentes del Gobierno. ¿Qué clase de analistas tiene Moncloa? Probablemente, muy competentes. El problema es que la cúpula política que decide no está interesada en la política económica sino en economía de la política: en sondeos. Pero el asunto es que ahora hasta los sondeos les dan mal. Siendo mala la crisis, su gestión es aún peor.