Viernes 01 de mayo de 2009
Esta semana se cumplían los cien primeros días de Obama al frente de la Casa Blanca. Su indudable carisma ha hecho que ese plazo de cortesía, del que todo cargo público disfruta, haya sido algo más benevolente. Con todo, al menos ha servido para que acabasen de una vez los fastos de la que sin duda ha sido una de las victorias electorales más largamente festejadas en la historia y se diera paso al tiempo de gobernar. Y es aquí donde puede afirmarse sin ambages que Obama está dando la talla.
Él mismo ha reconocido que no esperaba encontrarse ante semejante cantidad de asuntos relevantes en tan poco tiempo, pero lo cierto es que en todos ellos parece estar saliendo airoso. Así, lo que han demostrado los cien primeros días de Obama es que el actual mandatario norteamericano es algo más que un actor pegado a un discurso florido. Actúa. Gobierna, en suma. Podrá gustar más o menos lo que hace, pero es evidente que la inacción no forma parte de su forma de gobierno. Consiguió una importante ayuda económica de la Cámara de Representantes para hacer frente a la crisis en su país, puso fecha a la retirada estadounidense de Irak y al cierre de Guantánamo, realizó con éxito un acercamiento hacia naciones hostiles como Cuba, Irán y Venezuela y, más recientemente, se ha opuesto a cerrar la frontera con México a causa de la gripe porcina, en un claro gesto hacia el vecino del sur. Razones todas ellas que permiten atisbar un nuevo modo de hacer política en Estados Unidos. Y a la vista de los primeros resultados, parece que funciona.
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