Opinión

1º de Mayo, de Lafargue a Carroll

Juan José Laborda | Viernes 01 de mayo de 2009
El 1º de mayo, como es sabido, conmemora los acontecimientos sucedidos en esa fecha de 1884, cuando los obreros de Chicago se manifestaron pidiendo un máximo de 8 horas de jornada diaria. En los disturbios de los días siguientes, hubo muertos en los choques con la policía, y la represión posterior, fue un escándalo mundial. Con unos juicios sin apenas garantías, varios activistas fueron ahorcados, y otros, condenados a severas penas de prisión. La ideología de los procesados iba de un socialismo esquemático, a un anarquismo elemental, aunque uno de ellos, Samuel Fielden, que fue condenado a cadena perpetua, fue un pastor metodista.

La repercusión de aquel 1º de mayo, fue enorme. El idealismo de aquellos obreros, unido a la eficacia masiva de su propuesta, puede que haya sido una de las primeras expresiones de mensajes globalizadores, trasmitidas por medios modernos. La idea de trabajar 8 horas, las mismas que las dedicadas al descanso, o a la vida personal, se extendieron por todos los países, y en muy poco tiempo. En 1888, la Segunda Internacional, lanzó la causa para todos los trabajadores, y después de aquel acuerdo, los obreros de todo el mundo la incluyeron en sus demandas más queridas. En España, en Barcelona y en Elche, hacia 1890, se produjeron las primeras reivindicaciones en ese sentido. Federico Engels, por esos mismos años, manifestó en un artículo, que su amigo Carlos Marx, ya fallecido, se asombraría al ver cómo el internacionalismo proletario, había introducido sus exigencias de trabajar 8 horas, en los más recónditos lugares de la Tierra.

Pablo Lafargue, el yerno de Carlos Marx, publicó un panfleto titulado “El derecho a la pereza”, que seguramente habrá sido el texto socialista más leído, después del famoso “Manifiesto del partido comunista”. El texto de Lafargue, imita el estilo del famoso opúsculo de Marx y Engels, pero con una causticidad aún mayor. No es que defendiese la pereza como vagancia, sino como disposición a gozar la vida. “Jehovah, el dios barbudo y hosco –escribe Lafargue-, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal: después de seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad”. A Carlos Marx -que no lo podía ver-, le sacaba de quicio la actitud vital de Lafargue, una mezcla de bohemia y radicalismo vitalista, que enamoró a su hija preferida, Laura Marx. Lo curioso es que esa actitud hacia el trabajo, tiene hoy muchos adeptos. El trabajo ya no se concibe como un castigo impuesto por Dios, de acuerdo con la concepción judeocristiana. El hebreo Marx, estaba dentro de ella. Cuando finalmente, en 1955, el papa Pio XII, aceptó el día 1º de mayo como fiesta de los trabajadores, el trabajo empezaba a ser visto más como Lafargue, que como en los pasajes bíblicos. Julio Caro Baroja, en sus encantadoras memorias, cuenta que durante un mitin en la II Republica, un obrero agrícola, al escuchar la propuesta de “la tierra para el que la trabaja”, respondió espontáneamente: ¡la tierra que la trabaje Cristo!

Cuando entre nosotros, el 1º de mayo mostraba las diferencias entre los partidos y los sindicatos, tuve la oportunidad de asistir en Viena a las concentraciones convocadas para ese día por los sindicatos austriacos. Franz Vranisky, el canciller federal socialdemócrata, nos invitó a la delegación de senadores españoles que yo presidía, a contemplar los espectaculares desfiles de los trabajadores, en la explanada junto al Ayuntamiento de Viena. Vestidos con trajes profesionales o regionales, aunque tenían un cierto aire teatral –como Viena en casi todo-, también nos traían el recuerdo de las luchas tremendas que los trabajadores austriacos habían vivido en su país. Recuerdo que José Miguel Ortí Bordás, un buen amigo del partido popular, se negó a asistir, “porque una cosa así sólo se puede ver hoy en Cuba”. Lo que son las cosas. Aquella tarde del 1º de mayo de 1990, nos fuimos en tren hacia Budapest, ciudad más teatral aún que Viena. Aquella mañana en Budapest, mientras en Viena se exaltaban las gestas históricas de los obreros de Chicago, el único acontecimiento público fue recibir los restos del cardenal Josef Miscensky, el mítico opositor al régimen comunista. Años más tarde, comprobé que los húngaros, tenían una idea del trabajo más cercana a Lafargue, que a los modelos del pasado. Como el día de no-cumpleaños, con Lewis Carroll, nos podremos imaginar un día 1º de mayo, partidario del no-trabajo.

TEMAS RELACIONADOS: