América

Las madres coraje de Plaza de Mayo

Análisis

Sábado 02 de mayo de 2009
El 1 de junio de 1978, fanáticos de todo el mundo esperaban con ansias la inauguración de la XI Copa Mundial de Fútbol. El país anfitrión era Argentina, que en medio de una gran polémica, debido a su situación política, se preparaba para iniciar la gran fiesta del balompié en Buenos Aires. Por razones fortuitas, o quizás por soberbia, el día y hora escogidos para la ceremonia fueron un jueves a las tres y media de la tarde. Ese mismo día, en esa misma ciudad, pero en otras condiciones, se concentraba una vez más un enorme grupo de madres. Madres que reclamaban por una respuesta. Madres que buscaban a sus hijos y a sus familiares que habían desaparecido bajo el velo implacable de la dictadura. Esa misma dictadura que ese mismo día festejaba con prepotencia.

“Inquietas, las Madres marchan cada
jueves, se reúnen todos los martes
y el tiempo no les alcanza”
Jorge Quiroga (poeta y docente argentino)


El 1 de junio de 1978, fanáticos de todo el mundo esperaban con ansias la inauguración de la XI Copa Mundial de Fútbol. El país anfitrión era Argentina, que en medio de una gran polémica, debido a su situación política, se preparaba para iniciar la gran fiesta del balompié en Buenos Aires. Por razones fortuitas, o quizás por soberbia, el día y hora escogidos para la ceremonia fueron un jueves a las tres y media de la tarde. Ese mismo día, en esa misma ciudad, pero en otras condiciones, se concentraba una vez más un enorme grupo de madres. Madres que reclamaban por una respuesta. Madres que buscaban a sus hijos y a sus familiares que habían desaparecido bajo el velo implacable de la dictadura. Esa misma dictadura que ese mismo día festejaba con prepotencia.

Pero entonces sucedió lo impensable. El Mundial de Fútbol, lejos de restarle importancia a la manifestación de esas madres, les brindó la oportunidad de acceder a una tribuna internacional que hasta ese momento era inalcanzable. Por cuestiones de curiosidad periodística, por simpatía humanitaria o simplemente por ofrecer una noticia distinta, la televisión holandesa se detuvo a escudriñar quiénes eran esas mujeres que ataviadas con un pañuelo blanco en la cabeza, marchaban alrededor de una plaza justo enfrente de la Casa de Gobierno argentina. Las imágenes se transmitieron primero en Holanda, y de allí dieron el salto a otros países. Ya no había manera de ocultarlas. Fue así como el mundo vio por primera vez a las Madres de la Plaza de Mayo.

Se unieron un año antes de que se celebrara el Mundial de Fútbol en Argentina. Unidas por el alma rota, por el dolor de perder a un ser querido, las madres buscaron apoyo en otras como ellas. Se dieron cuenta de que la lucha individual estaba llena de fronteras, se agotaba en sí misma, y decidieron agruparse. Sin temor a represalias tomaron la Plaza de Mayo el 30 de abril de 1977, con la finalidad de entregarle una carta a Jorge Videla, exigiéndole respuesta por los más de 15 mil desaparecidos que había hasta esa fecha. En un principio sólo fueron 14 mujeres, pero en su batalla constante cada una de ellas se comprometió a buscar otras, hasta que la asociación creció tanto que llegaron a ser unas seis mil.

Hoy en día, 32 años después, las Madres de la Plaza de Mayo continúan su marcha incesante por los derechos humanos y para dar voz a los silenciados. Cada jueves y durante todo el año, sin importar las condiciones climáticas, a las 15.30 horas las mujeres de la asociación continúan cumpliendo su marcha alrededor de la Pirámide de Mayo, y media hora después hacen junto al monumento a Belgrano una alocución para opinar sobre temas de actualidad, nacional o mundial.



Han llamado la atención de buena parte del planeta. En diversos países del mundo hay plazas y calles con su nombre. Se han reunido con artistas, periodistas, cantantes, sacerdotes, jefes de Estado y premios Nobel. Incluso, Hebe de Bonafini, su actual presidenta, ha sido distinguida con la Laurea Honoris Causa de la Universidad de Bologna.

Han llevado su lucha hasta las aulas, crearon una nueva universidad que comenzó con doscientos alumnos y cinco carreras; hoy en día son dos mil estudiantes, once carreras, diversos seminarios y aulas abiertas. Poseen ya una radio, un periódico que se traduce a varios idiomas, escriben poemarios, tienen un café literario, librería, biblioteca e incluso, una imprenta. Asisten a congresos internacionales y dictan charlas en cualquier lugar donde haya alguien que quiera escucharlas.

Desde aquellos días en que se transmitieron las primeras imágenes por televisión, es mucho lo que ha cambiado. Lograron comprar una casa para reunirse, gracias a los donativos de mujeres holandesas que se agruparon para ayudarlas. Siguieron creciendo y fortaleciéndose, cada día más, ante la comunidad internacional que le brindaba su apoyo. Así comenzaron a recorrer Europa, Cuba, Brasil, Perú, México, Venezuela, etc. Fueron a enfrentar la guerra junto a las mujeres yugoslavas, con quienes formaron un escudo humano para proteger sus tierras y puentes. Estuvieron en Israel, en Palestina y en Irak. E inspiraron a muchas otras madres alrededor del planeta.



Unidas por la desgracia, las Madres se convirtieron en un grupo de activistas en defensa de los derechos humanos. No aceptan ningún cargo público, pero aseguran ser una organización política sin partido. Dicen que nacieron de sus hijos, dado que por ellos alcanzaron la conciencia política de la lucha social. También afirman ser las madres de todas las víctimas de la represión en su país y según expresiones suyas, "de todos los que luchan por la igualdad social en Argentina y en el mundo".

Dicen que, como acto revolucionario, han “socializado” su maternidad para convertirse en las madres de todos. Desde el guerrillero que hizo frente en el monte, hasta el revolucionario de la ciudad. O aquellos que alfabetizaban, o los curas que defendían y protegían a sus hijos y a los que también se los llevaron. A los chicos de la noche de los lápices, a los trabajadores y sindicalistas. Se tomaron su tiempo para el dolor, pero aprendieron a tener muchísimos hijos y luchar por todos ellos.

Sin embargo, ese profundo dolor que las unió para conformar una asociación cuya voz ha hecho eco en la comunidad internacional, también ha conducido a estas madres a apoyar causas que despiertan en la opinión pública, sentimientos encontrados hacia esta organización. A pesar de haber sido las denunciantes de la brutalidad del régimen de la Junta Militar, las damas del pañuelo blanco se han alineado para sumir una postura más política que cívica, al extremo de manifestarse a favor de grupos radicales tales de corte terrorista como ETA y algunas facciones palestinas de carácter violento.

Por eso, en el día de la madre, este trabajo no pretende ser un reconocimiento a su lucha (sería demasiada la ambición). Sólo es un pequeño agradecimiento y una felicitación para esas mujeres, que pese a esta ambigüedad ideológica, han dedicado su vida a infundirle valor a la memoria de los hijos que les fueron arrebatados.

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