Opinión

Libertad y lengua gallega

Olga González Alonso | Sábado 02 de mayo de 2009
Qué osado es este hombre. Hablo de Alberto Núñez Feijóo. No contento con prometer libertad idiomática en su campaña electoral, se atreve ahora, cuando no hace ni dos telediarios que tomó posesión como presidente de la Xunta, a afirmar que va a cumplir su promesa. Un revolucionario de los que no quedan, vaya. Que va a permitir que los ciudadanos que se presenten a oposiciones en Galicia puedan responder a su examen en castellano si quieren, dice. Y que, en los colegios, los alumnos puedan dirigirse al profesor en la lengua que les plazca, mientras aprenden las dos oficiales, añade. No sabe con quién se juega los cuartos.

No sabe que aquí han gobernado poco menos de cuatro años unos tipos que han dado alas a quienes cuando hablan de libertad sólo se refieren a la suya. A quienes confunden la pluralidad con su propia singularidad. A quienes organizan actos para adoctrinar a chavales en el menosprecio al castellano con la excusa de la defensa del gallego. A quienes se pasan la cultura por el mismo forro con el que se limpian la tolerancia que pudiera haberles salpicado, qué asco, y utilizan un valor tan sagrado como la lengua exclusivamente como arma para imponer su ideología totalitaria, qué vergüenza. Y que luego llaman fachas a otros, cuánta ignorancia.

A defender el privilegio de aprender, conservar y amar dos lenguas de forma compatible con el derecho a elegir, o sea, a lo que cualquier ciudadano con dos dedos de frente y un mínimo sentido democrático le llama libertad, otros, como los socialistas gallegos, le llaman “bilingüismo crispado”, tócate los aquellos. Cuando parecía que su divorcio con los del BNG era ya definitivo, visto que el matrimonio les dio pocos frutos, los del PSOE gallego se presentan ahora como más nacionalistas que nadie y se arrancan por burrerías acusando al nuevo presidente de la Xunta de atizar un conflicto que no existía. Olvidando que cuando no existía conflicto era antes de que llegaran ellos, con su bipartito, al poder. No hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor gobierno que el que se ciega y se hace el sordo. Que es justo lo que hicieron ellos cuando empezaron a surgir ciudadanos y colectivos disconformes con la imposición del gallego en la enseñanza y en otros ámbitos, ciudadanos y colectivos que pedían libertad en esto de la lengua. Los ignoraron salvo para definirlos como fomentadores del odio al gallego. Lo dicho, ciegos y sordos. Porque a los únicos que escuchaban era a aquellos que reclaman gallego sí o sí, viva la imposición, fuera el castellano. Y que no admiten que les salgan otros diciendo gallego sí y castellano también como si viviéramos en un país libre, viva la democracia.

Dice un portavoz de los socialistas de aquí que permitir a los opositores examinarse en castellano es una actitud irresponsable y que va en contra del derecho de los ciudadanos a ser atendidos en su propio idioma, manda truco, a este hombre no se le entiende hable en lo que hable. Tienen tan mal perder que ya no saben ni lo que dicen, perdónalos Señor. Mucho debe de doler que le quiten a uno el sillón de mando y ordeno y le obliguen a comprobar cómo un joven del PP, válgame el cielo, respeta la libertad tanto como la lengua gallega.

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