Opinión

Obama: los primeros cien días

Javier Rupérez | Lunes 04 de mayo de 2009
Parece que fue Franklin D. Roosevelt el primero en introducir en la politica americana la práctica de medir lo realizado por un recién llegado presidente en los primeros cien días de su mandato. Historiadores y estadísticos la descartan por irrelevante, señalando administraciones que tuvieron malos resultados en esa medición de urgencia para luego levantar el vuelo y otras que, habiéndolos tenido inicialmente buenos, luego fracasaron. Pero el ejercicio está tan introducido en la expectativa del sistema que no hay presidente capaz de ignorar la fecha ni medio de comunicación que deje escapar la efemérides.

Obama ha superado la prueba con un notable alto –mas de un sesenta por ciento de los ciudadanos aprueban su gestión- y se ha sometido a ella con la sutil ambigüedad que viene siendo pieza distintiva de su forma de hacer las cosas: descartando de un lado su trascendencia pero, de otro, aprovechando a fondo el calendario para, entre otros elementos, ofrecer una larga, exhaustiva y brillante rueda de prensa claramente conmemorativa. Se equivocarían gravemente aquellos que ignoraran la capacidad política del personaje y su voraz deseo de explotarla al máximo. El análisis de los cien días lo demuestra con claridad.

El presidente de los Estados Unidos, en el breve espacio de tiempo de que se trata ha desarrollado una inagotable energía para intentar poner las bases de sus recetas y de su estilo en un panorama de una incierta complejidad: la peor crisis económica que el país conoce desde los años veinte, dos guerras simultáneas, una deteriorada imagen exterior, una decaída “psique” interior. En el ejercicio ha venido alternando, según las circunstancias lo exigían, promesas electorales, ciertas convicciones y grandes dosis de pragmatismo. En el recuento del éxito parcial las encuestas se lo reconocen: su figura recibe más aprobación que algunas de sus políticas. La primera pregunta que los cien días sugieren es precisamente la de saber si la pequeña fisura que ahora aparece es solo un error de perspectiva o un indicio de tiempos peores.

Los americanos mayoritariamente han depositado sus esperanzas en las recetas económicas y sociales que Obama trae debajo del brazo, incluso tratándose de ofertas poco convencionales o decididamente heterodoxas. La inyección masiva de dinero público para estimular la economía, la intervención directa en los conglomerados financieros e industriales del país, la proyección de una cobertura sanitaria global o la imposición de normas contra la contaminación constituyen decisiones propuestas desde la Casa Blanca con contundencia. La grave incapacidad parlamentaria en la que se encuentra el Partido Republicano le impide desarrollar una oposición eficaz. Son muchas las voces que se alzan para expresar preocupación por los gigantescos déficits que esas y otras medidas económicas van a generar en el funcionamiento del país pero de momento quedan anegadas en una constatación generalizada, convertida casi en plegaria: que funcionen. Las encuestas de los cien días lo dicen con claridad: mientras una mayoría piensa que la situación todavia no ha tocado fondo, esa misma mayoría expresa confianza en que Obama encontrará las recetas adecuadas para la recuperación. Con la suavidad de su comportamiento y el carácter multiuso de sus ofertas –hay de todo para todos, viene a decir- el presidente americano está adquiriendo un cierto carácter totémico y taumatúrgico. ¿Alcanzarán las realizaciones el nivel de las expectativas?

Mucho de lo mismo ocurre en la esfera internacional, donde nadie le puede acusar de resistirse a los viajes o de incumplir sus promesas de conversar con tirios y troyanos. La ciudadanía se lo reconoce con una mayoría sustancial y le agradece haber mejorado la imagen de los Estados Unidos en el mundo, aunque en realidad el trámite no haya pasado de sus primeras fases y las propuestas, mas allá del evidente cambio atmosférico, tengan mucho de lo ya sabido: aumento de las tropas en Afganistán , posible prolongación de las destacadas en Irak, grave preocupación por la evolución en Pakistán, “hoja de ruta” biestatal para el Oriente Medio, freno a la nuclearizacion de Irán y de Corea del Norte, democratización de Cuba. Y, sorpresa, reapertura de los tribunales militares para juzgar a los todavia detenidos en Guantánamo. Donde, por cierto, en un tema conexo, el de la publicación de los documentos de la administración Bush relativos a los interrogatorios de los detenidos los encuestados han mostrado mayoritariamente su disconformidad.

Nadie lo puede negar. Han sido cien buenos primeros dias. Seguramente todos los subsiguientes tengan otros afanes y bastantes escollos. Que Dios reparta suerte y nos reserve para todos la que los americanos desean para Obama.

TEMAS RELACIONADOS: