Si hay alguien que vivirá con especial emoción la próxima investidura de Patxi López como lendakari, ése es su antecesor en la secretaría general del PSE, Nicolás Redondo Terreros. Político de espíritu conciliador, Redondo Terreros siempre ha defendido la necesidad de pacto entre los dos partidos nacionales, especialmente en Euskadi. Precisamente fue su discutida alianza con Jaime Mayor Oreja en 2001 la que precipitó su abandono de la política activa, que no del PSOE, partido al que sigue afiliado. Ocho años después -aunque reconoce que las circunstancias son muy diferentes- el tiempo le ha dado la razón y no le duelen prendas en ofrecer –y exigir- todo el apoyo a Patxi López en una misión, desmontar casi 30 años de Gobierno nacionalista, en la que “el fracaso es impensable”.
¿Cómo vivió las últimas elecciones vascas?Con una gran satisfacción. Era un objetivo político razonable porque el PNV había fracasado en los tres objetivos fundamentales para analizar la gestión de un Gobierno: habían sido incapaces de acabar con ETA, habían abierto más el abismo entre el País Vasco y el resto de España y, además, no habían integrado más bien a la sociedad vasca. Por otra parte, estaba claro que la única forma de que gobernara el PP o el PSE se basa solo en el apoyo del otro partido nacional.
¿Ha tenido oportunidad de hablar con Patxi López?Sí, he hablado dos veces con él. Para felicitarle y ofrecerle mi mano para lo que quiera, desde fuera, no para formar gobierno, por supuesto. En España sólo ha habido una persona que se haya enfrentado a algo tan complicado y que exija tanta soledad, Adolfo Suárez. Por eso, es impensable hoy no darle todo nuestro apoyo. Sólo puede hacer una cosa: tener éxito. El fracaso es impensable porque no habrá otra oportunidad.
El Gobierno de Patxi López va a enfrentarse a muchos desafíos, entre ellos, la crisis económica. ¿Cree que la frágil unión entre el PP y el PSE va soportar las fortísimas tormentas políticas que se van a desarrollar en Madrid?Para empezar, con 4 millones de parados, no sé si es posible mantener un conflicto continuo entre PP y PSOE. Segundo, parece que los dos partidos han decidido que lo que pase en Madrid no afecte al País Vasco. Tercero, aunque la crisis ha llegado tarde, pero muy radicalmente al País Vasco, a mi juicio, saldremos antes que el resto de España porque tenemos dos elementos mejores que en otras partes. Una capacidad de endeudamiento enorme, gracias al concierto y el cupo, y unas cajas de ahorro muy saneadas, que unidas pueden trabajar muy bien contra la crisis.
¿Siente el pacto entre socialistas y populares vascos como un refrendo de lo que intentó en su día de la mano de Mayor Oreja?La situación era diferente. No se trataba tanto de que vinieran a darnos la razón a quienes defendimos aquello, sino que se concretara algo que tiene mucho sentido común, como es que en el País Vasco el PP y el PSOE se pusieran de acuerdo. España es un país con una historia muy peculiar y necesita los acuerdos entre los dos partidos grandes más que en otros países, especialmente en el País Vasco, donde estamos hablando del terrorismo, de la relación con el resto de España, de la integración de buena parte de los vascos, de la falta de libertad, de la paz, de la vida y de la muerte… Obviamente, preferiría que ganara mi partido antes que el PP, pero el acuerdo está por encima del sectarismo de los partidos.
¿En ausencia de violencia, sería tan necesario el pacto entre PSOE y PP?La violencia terrorista lo hace inevitable y evidente. Quien no lo ha querido ver durante estos últimos años, ha sido sólo por egoísmo partidario, sobre todo, por la actitud que ha tenido el PNV en los últimos años: el plan Ibarretxe, las posiciones radicales de Arzalluz, el pacto de Lizarra… Además, concejales y dirigentes de ambos partidos asesinados, empresarios, fuerzas de seguridad… ¿Si en esto no nos ponemos de acuerdo, en qué podríamos hacerlo, si estamos hablando de la vida o la muerte de las personas por el hecho de pensar de una manera contraria?
Sin embargo, existen muchos miembros del PSE, incluyendo al mismo Patxi López, que consideran que el papel natural del partido está más cerca de los acuerdos con los nacionalistas que lo que algunos llaman ‘frentismo españolista’…En su día, yo no quería ganar para que los no nacionalistas estuvieran en el papel de los nacionalistas y viceversa, sino para que todos estuviéramos igual. No quería ganar para quitar el euskera, ni las ikastolas, ni nada de esto, sino para hacer una integración y para que todos pudiéramos vivir en libertad. Porque si sólo la tiene una parte de la sociedad, a eso no se le puede llamar libertad sino privilegio. Éso no es frentismo.
Redondo Terreros atiende a las preguntas de Regina Martínez, de EL IMPARCIAL. Manuel Engo
Patxi López, en el último libro de María Antonia Iglesias, “Memoria de Euskadi” (Aguilar 2009), critica su postura respecto al PP y los nacionalistas durante su etapa de candidato. ¿Cree que el hecho de que haya llegado a un acuerdo con los populares es una evolución de su postura?Supongo que el considera que la situación es totalmente diferente. En realidad hay diferencias y eso hay que reconocerlo. Pero no se trata de pasar facturas, sino de ayudarles en todo lo que se pueda. Hay que cambiar también el discurso que se ha hecho hasta ahora, sobre todo el PP, ha hecho un discurso muy duro y contundente. Ahora hay que hacer un discurso más pragmático, razonable e integrador. Éste gobierno no puede ser el gobierno del frac, que cobre facturas del pasado. Tiene que ser un Gobierno que integre, que cambie lo que tenga que cambiar, pero no olvidar que el objetivo es que dentro de cuatro años, el ciudadano nacionalista no tenga la sensación de haber sido agredido. No hay que caer en guerra de simbolismos. No tenemos que parecemos a ellos. Tenemos que gobernar como en cualquier país occidental, sin que sea obsesivo hasta el mapa del tiempo, el escudo, si el Rey se va a ver en la ETB… Las cosas se han de hacer con normalidad, sin agredir, evitando aglutinar al nacionalismo. Al nacionalismo hay que esponjarlo, porque es muy plural: están los radicales de los moderados, los autonomistas, los indepentistas, los más cercanos a ETA, los contrarios a ella…
¿Cree que el asentamiento de Aralar en la escena política puede tomarse como una señal de que algo está cambiando en la izquierda abertzale? De alguna forma, invalida ese discurso victimista de que la izquierda abertzale per se está perseguida…Lo primero ya lo hemos logrado. Aralar defiende lo mismo que Batasuna y no está ilegalizado. El Estado no ilegaliza las ideas de Batasuna, lo ha ilegalizado porque ha sido un instrumento de ETA. No es malo que Aralar les dijera a esos radicales que hay una esperanza en la política. Estamos en un momento de una ETA crepuscular y no se puede dar más importancia a ETA de la que tiene. Puede matar, pero ya no tiene capacidad de influir. Esa banda cada vez más débil, cada vez más golpeada, tiene que saber que para ellos hay una esperanza en política. Lo que tenemos que combatir es el terrorismo, no el independentismo.
En un escenario sin violencia, ¿cree que sería factible un pacto entre el PSE y la izquierda abertzale, como defiende Jesús Eguiguren?Yo no soy partidario de eso. Creo que España se ha construido sobre cuatro ejes. Centro derecha, centro izquierda, CiU y PNV y todo debe girar alrededor de esos cuatro partidos. Las alianzas con partidos más aventureros no han dado buenos resultados, ni para el PP, ni para el PSOE, ni para la comunidad autónoma correspondiente, ni para España. A mí me gusta la opción de la España política cuadrada, PP, PSOE, PNV, CiU. Ése es un juego de moderación que nos viene bien a todos… ¡Aunque para eso se tienen que moderar los nacionalistas!
Desde su partido se ha alimentado la imagen del PP como un partido incapaz de negociar con los nacionalistas…Lo cuál es una inexactitud histórica, teniendo en cuenta que el PP y el PNV negociaron y mucho durante la primera legislatura de Aznar y Arzalluz llegó a decir de él que era una persona “de palabra, no como Felipe González”. Lo cuál es bueno, porque hay que tomarse la alternancia y la negociación con naturalidad. Esas son cosas que se dicen, que muchas veces no tienen sustancia y que hacen mucho daño. No se puede criminalizar al segundo partido de España, como el PP tampoco debe menoscabar la legitimidad del PSOE. La vida política, tanto para unos como para otros, ha de transcurrir en un escenario de mayor moderación.
Redondo, esperanzado ante el nuevo mapa político vasco. Manuel Engo
¿Cómo vive usted su españolidad como vasco?Es un tema que vivo con toda naturalidad. Yo vivo en el País Vasco, he nacido en el País Vasco, mi padre estuvo en la cárcel por defender la libertad en el País Vasco… Pero quien me da la ciudadanía no es el País Vasco, es una historia de un país que se llama España, en el que estoy integrado como ciudadano. En el ámbito de lo público, estoy en contra de lo identitario, porque forma parte de los sentimientos. A mí me une a España la razón, las leyes, las normas, la Constitución. Trasladar los sentimientos al ámbito de lo público es un desastre. Como vengo de una familia que ha luchado francamente y con mucho sacrificio por la libertad de Euskadi no tengo ningún complejo en criticar a los nacionalistas, sin agredirles, por supuesto. Yo no tengo nada que ver con ellos porque tienen un punto identitario que me repugna políticamente.
En otras palabras, se suma a las lealtades compartidas de las que habla el politólogo Andrés de Blas…Sí, claro. Estas lealtades son imprescindibles en un país tan complicado como el nuestro. Además, tampoco hay que caer en la trampa de ese españolismo, por suerte muy reducido, exagerado, radical y enloquecido.
¿Qué opinión le merece el UPyD, el partido de su ex compañera Rosa Díez?Creo es que en España con los dos grandes partidos y los partidos nacionalistas el juego puede ser interesante y UPyD, con todos mis respetos y cariño, puede jugar un papel confuso. Puede sobrevivir como impugnación a todo, pero eso no suele ser bueno. En España hay que reformar lo que no está bien, no impugnarlo todo. No estoy de acuerdo con ellos cuando hablan de la igualdad. En España nunca ha habido tanta igualdad como ahora, gracias al Estado de las autonomías. ¿Tenemos problemas? Sí, por ejemplo el del idioma, pero podemos solucionarlo sin acabar con un sistema que ha funcionado durante años.
¿No cree, entonces, que haya hueco electoral para UPyD?Existe una tercera España harta de ese ombliguismo que vivimos hoy en día, pero no se puede vertebrar en un solo partido político, porque es gente del PP, del PSOE o del propio UPyD.
Sin embargo, hay muchas voces que culpan al PSOE de haber alentado ese ombliguismo por una especie de mala conciencia…La izquierda ha tenido una tendencia exagerada a creer que sus aliados naturales son los nacionalistas, pero su responsabilidad es sólo ésa. La responsabilidad de mirarnos al ombligo es de todos, izquierda y derecha, no sólo nuestra. Pocos presidentes autonómicos, de cualquier partido, hablan en sus discursos de los intereses nacionales.