Lunes 04 de mayo de 2009
La victoria contundente en las elecciones presidenciales panameñas del candidato del partido de la oposición Cambio Democrático, el multimillonario de descendencia ítalo-española, Ricardo Martinelli, no sólo prueba que el sufragio a veces puede ser utilizado como voto de castigo en contra unas políticas de gubernamentales insatisfactorias. También demuestra que ciertos países de América Latina, como Panamá, apuestan por poner en práctica una de las principales leyes del juego democrático: la alternancia.
A diez años de la invasión estadounidense que derrocó al dictador Manuel Noriega, la nación centroamericana ha logrado pasar página y aprender de su propia historia para convertirse en uno de los países más pujantes y prometedores de la región. Tanto por ser poseedor de uno de los tesoros de la ingeniería moderna, como es el Canal de Panamá, como por ser un rentable paraíso fiscal que ostenta un volumen de inversión extranjera que asciende alrededor de los 2.560 millones de dólares (1.929 millones de euros), uno de los más altos de América Latina.
El civismo demostrado por 2.211.261 de ciudadanos en los comicios de este domingo, evidencian el elevado grado de madurez que tiene la joven democracia panameña que, en tan sólo una década, ha sabido hacer frente a los obstáculos y retos que supone la consolidación del sistema democrático.
Atrás quedaron la narco dictadura de Noriega, las interferencias siniestras de la CIA y el oscuro pasado de la Escuela de las América. Hoy por hoy, Panamá es un país internacional, multicultural y moderno que se abre paso al futuro a través de su célebre Canal.
TEMAS RELACIONADOS: