Por supuesto, no es el único caso en nuestro mundo del siglo XXI, en que dos países -Colombia y Venezuela en este caso- dirimen un contencioso sobre sus límites terrestres y marítimos.
Con la muerte de 18 personas a consecuencia de un accidente de helicóptero venezolano,-entre ellas el general Faneite, recién nombrado comandante del Teatro de operaciones nº2, Estado de Táchira- hemos recordado que la frontera terrestre común, sujeta a variaciones por inundaciones y cambios de cursos de ríos, tiene 2.300 kilómetros, con algo mas de cien pasos fronterizos. No. No es fácil cubrirla, como exigen los norteamericanos, que acusan a Chávez de “permeabilizarla” en beneficio de las FARC.
En cambio, en la discutida frontera marítima del Golfo de Coquibacoa, unilateralmente llamado de Venezuela, parece estar cerca un acuerdo histórico, que cerraría un complejo y largo contencioso. Hablamos tanto de aguas marinas como de aguas submarinas, dada la riqueza petrolífera que almacenan en sus fondos. Este golfo es el que da entrada –o salida, según se mire- al lago venezolano de Maracaibo.
En un reciente encuentro de los mandatarios Uribe y Chávez en Caracas, se abordó el tema de forma “tranquila y amistosa” según fuentes venezolanas. Se daría fin a conversaciones que se iniciaron en Paris en los años sesenta, luego en Roma en los setenta y que estuvieron a punto de llegar a la ruptura de hostilidades en 1987 cuando la corbeta colombiana Caldas estuvo a punto de ser atacada por navíos venezolanos en aguas no bien delimitadas. En aquel momento los presidentes Virgilio Barco (Colombia) y Carlos Andrés Pérez (Venezuela) decidieron crear una comisión negociadora (Coneg).
Ya conocen el dicho ingles “si quieres que un asunto se eternice y no se resuelva, nombra una comisión”. Ciertamente llevan 22 años negociando. Pero hoy, los Presidentes tienen fuerte respaldo popular, van a trancas y barrancas a por su tercera legislatura y puede ser el momento oportuno.
Colombia defiende la tesis de que el límite debe ser la mediana entre la península colombiana de la Guajira y la venezolana de Paraguaná. Pero, en esta mediana se encuentra el islote de los Monjes, antes colombiano hoy venezolano, con lo cual se relativiza el concepto de mediana, concepto muy utilizado en derecho marítimo.
El Derecho Internacional ofrece muchas soluciones, cuando los diferendos se eternizan. El Vaticano y España tienen constatadas experiencias en este campo. Europa también ofrece soluciones: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) nació tras la Segunda Guerra Mundial, para resolver, de una vez por todas, el litigio por Alsacia y Lorena, que había arrastrado a Alemania y a Francia a reiteradas guerras.
Si hay una zona en litigio, comprendida entre la mediana Guajira-Paraguaná y la mediana Guajira-Monjes, no sería imposible crear empresas de explotación mixtas, que proporcionasen trabajo y riqueza a los ribereños, que ahorrasen esfuerzos de vigilancia y seguridad militar a los dos países y que permitiese jubilar a los sesudos juristas y diplomáticos de la Comisión Negociadora.
¡Aunque fuese para poner en duda al conocido dicho inglés!