Miércoles 06 de mayo de 2009
Mientras el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, parece ocupado o preocupado, distraído o divertido –que de todo hay- por su vida personal, la tierra sigue temblando en los Abruzos y, lo que resulta aún más preocupante, más de la mitad de las 65.000 personas que se han quedado sin casa siguen pasando sus días en campamentos provisionales y hoteles. A pesar de que haya transcurrido un mes desde que el terremoto sacudió el centro de Italia, miles de familias siguen a la espera de que las autoridades determinen el grado de habitabilidad en que han quedado los edificios de la zona. Sin embargo, el tema ya pierde de actualidad en el mundo e Italia y los focos de la atención pública se han proyectado sobre el posible divorcio del premier.
La reconstrucción tarda en ponerse en marcha y numerosos afectados permanecen en la situación precaria, a la espero de que el Gobierno italiano encuentre una solución a su caso. Por eso, el chiste de Berlusconi, que describió la situación de muchas familias como un “fin de semana en un camping”, tiene aún menos gracia: muchas familias, en efecto, viven en un exilio campestre desde hace un mes y desde el 6 de abril se han registrado ya más de 1.500 réplicas de diferente magnitud.
El Gobierno y, Berlusconi en primera persona, deberían preocuparse de acelerar la reconstrucción de esta parte de Italia, vigilando y evitando en las futuras obras las posibles injerencias de las organizaciones criminales. Hace un mes, el presidente del Consejo había prometido tiempos rápidos y soluciones contundentes: lamentablemente, el tiempo parece jugar en su contra e Italia sigue convirtiéndose en un país acostumbrado a las promesas incumplidas. La acción del Gobierno debería ser más eficaz y guiada por la efectiva voluntad de evitar soluciones paliativas, panaceas temporales. Mientras Berlusconi sigue desmintiendo sus devaneos con señoritas jóvenes y de buen ver, miles de personas siguen durmiendo en tiendas de campaña. Ha llegado la hora de actuar y pasar de la propaganda y de las buenas intenciones a los hechos concretos. Italia no puede seguir gobernada con tan poco estilo: es hora de pasar de la opera buffa a actuar en la realidad.
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