Opinión

Emilio de Justo corta la primera oreja de la feria

Pedro J. Cáceres | Jueves 07 de mayo de 2009
Tuvo que ser en el sexto, un enclasado toro del segundo hierro de la corrida de Martelilla desigual y deslucida que alimentó la protesta preconcebida.

El primer toro de Martelilla pagó las consecuencias del enfado acumulado desde el anuncio de la feria: sus ausencias y la baja calidad de la feria con la cartelería muy descompensada. Muy bonito de hechuras, bajo de manos y para más colorismo de pinta cárdeno claro, fue protestado solo salir por chiqueros. También blandeaba. Papeleta para Eugenio de Mora que, en los medios, sin probaturas ensayó el toreo en redondo con desigual temple entre gritos de ¡miau!, no muchos, ni seguidos, pero muy molestos. Toro noble, repitiendo algo soso, pero dejando estar mucho. Labor correcta del torero, con las dos manos, y sin cambiar terrenos, pero adoleciendo de cruzarse y poner más fibra, venderlo. Lo mejor la estocada, por lo que escuchó algunas palmas.

Otra de picadores. Fue en el cuarto, toro con cuajo y alto de cruz. Toro bruto que, no podía humillar, y terminó defendiéndose, empeñado el torero en pegar pases desde el primer momento sin ir haciendo la embestida y enseñar al toro en la medida de lo posible. Así cada uno fue por su lado en labor sin contenido. Se fue atrás con la espada. Tarde en blanco, una más, y lo peor es que no hay otra.

Se protestó también el segundo que andaba como cojito pero que peleó con brío en el caballo, parecía. Resultó falaz, pues su bondad a la hora de la muleta se tornó complicación por no poder bajar la mano Joselillo, que lo intentaba con buen aire y pureza, ni sacarle más de dos pases ligados por doblar manos, y cuando le aliviaba por arriba se defendía pegando el cabezazo. Tampoco cruzó el rubicón de la pala del pitón al hilo por lo que la limpieza de trazo era más comparsa de coreografía que de lidia. Se olvidó de cruzar, igualmente, con la espada para pinchar y dejar una tendida y trasera. Silencio.

Joselillo no tuvo ocasión de lucir con el capote en el quinto. Animal más hecho, similar al anterior, y por lo que le costaba ir con prontitud. Empezó con gran disposición en un muletazo en los medios cambiado por la espalda que resolvió con aguante. Después empezaron las dudas en la cara del animal y como en su toro anterior, y como sus compañeros, el torero moderno, el fallo de colocación hacían el resto para que en vez de sacar el poco fondo de nobleza del animal todo se fuera diluyendo en una sucesión de pases espaciados de irregular factura y siempre bajo la impronta de la inseguridad y la falta de firmeza, que se notó demasiado. Nada que ver con el que sorprendió el año pasado, sobre todo en el valor y la decisión de crecerse ante las dificultades y solventarlas. Silencio.

Dos pitones, descarados, pero cara y hechuras de novillo desataron protestas, ya, de rango más serio. Había razón y como claudicara fue devuelto.

El sobrero, de Moisés Fraile, marcó la diferencia de trapío. Lo que no quiere decir que estuviera mejor hecho.
Manos por delante, defendiéndose, en el capote de Emilio de justo que tuvo que cambiarle los terrenos para lucirse en el broche de la brega con dos medias ajustadas. No andaba sobrado de fuerzas, el picador hizo el resto, agarrándose en la tabal del cuello, se derrumbó un par de veces y otra vez asomó el pañuelo verde.

Tirando de despensa se dio suelta al segundo sobrero del hierro de Ana M. Cascón, un buey: ¡el toro de Madrid!: Buena lidia, templándolo hacia atrás, le dio De Justo. Mansón, se movió, sin humillar, cansino, algo gazapón y no soportaba, sin perder las manos, cualquier tirón, que los hubo, en un trasteo voluntarioso, tanto como destemplado y de muchos pasos perdidos rectificando terrenos. Lo mató hábil y eficaz en suerte deficiente. Silencio.

Cerró plaza un toro con el segundo hierro, Casa de los Toreros. Reprobado continuamente, durante el tercio de varas por flojo. El toro, colorado y bonito, se desplazó con clase en banderillas, pero a Emilio de Justo le recriminaron su buena intención de brindarlo. Más cuando por falta de aguante le desplazó bruscamente y el animal cayó. El toro embestía por derecho y templadito, para hacerse el ánimo en series compuestas por el derecho, con gusto y celebradas, para afligirse, algo, en los de pecho a pitón contrario. No así al natural donde la decisión fue fundamental para lucir trazo limpio en series cortas. Un circular fue muy lento y con enjundia y remató airoso. La faena estaba hecha, pero e empeñó en seguir y aun adornándose correcto la intensidad bajó. Se volcó al matar y el conjunto, muy bien construido valió la oreja.

Incidencias.-
Se guardó un minuto de silencio en memoria del matador decoros mexicano Manuel Capetillo y del querido subalterno español Manolillo de Valencia, ambos fallecidos en las últimas horas.

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