Partidos
Domingo 17 de febrero de 2008
El Atlético padece un mal endémico, crónico y que no tiene visos de solución. Es el equipo de Javier Aguirre un grupo roto atrás, con una defensa calamitosa y un centro del campo inexistente, en el que no hay circulación de balón.
Diego Forlán y el argentino Sergio Agüero no dan a basto para sacar las castañas del fuego constantemente. Se encontraron los locales, no obstante, con un rival empequeñecido en los últimos años, en los que no hace honor a su gran pasado.
El Athletic llegó con complejo al Vicente Calderón, donde ha ganado una vez en las últimas 17 temporadas, pero no tardó en sacudírselo al comprobar la vulnerabilidad de su enemigo en la retaguardia.
De poco valió que Antonio López mandase a la red del veterano Armando un balón que centró al área con otro objetivo cuando tan sólo se habían disputado cinco minutos.
Gran galopada de Javi Martínez
Jugaban los de Aguirre sin coordinación y con muy pocas ideas, mientras el Athletic asustaba al contragolpe hasta que Luis García envió un balón al larguero de Armando en la que fue una de las jugadas más bonitas del envite, en una gran combinación entre Agüero, Forlan y Jurado que culminó el ex jugador de Liverpool con un gran disparo.
Pero fue un espejismo en medio del desierto, porque el Athletic se había deshecho ya totalmente de sus temores iniciales para enganchar un contragolpe de pizarra. Tras un córner a favor del Atlético, Javi Martinez agarró el balón muy cerca de su área y se recorrió unos sesenta metros a una velocidad endiablada, y sin que nadie le saliese al paso, para cedérselo a Susaeta que definió con maestría.
El tanto fue un jarro de agua fría para el Atlético, que todavía vio cómo Llorente hacía el segundo para su equipo al rematar en posible fuera de juego un centro de Yeste casi en el área pequeña de Abbiati.
Nada más comenzar la segunda mitad, Raúl García vio la segunda amarilla y enfiló el camino de la ducha. El Atlético se quedaba con diez y con una misión muy complicada por delante, sobre todo si se afronta en medio de la ansiedad y los nervios, sin el temple necesario cuando todavía queda mucho combate por dilucidar.
Y el Athletic supo aprovecharse de ello, de la crispación de la grada y del césped y, con el marcador a favor, se desenvolvió con soltura, con firmeza atrás y velocidad y decisión en las contragolpes.
Con el público deprimido con lo que estaba viendo se consumieron los últimos minutos, en los que la tónica siguió siendo la misma en un partido sin fútbol, sin nada rescatable y en el que se llevó los tres puntos el menos malo.
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