el compositor francés Hector Berlioz
Viernes 08 de mayo de 2009
Con el estreno anoche de “La condenación de Fausto”, que se representará de nuevo el próximo domingo y el martes día 12, el Teatro Real concluye la revisión del mito de Fausto que durante la presente temporada ha acercado al público a través de importantes obras de diversos autores. Pero, sin duda, es éste, el del compositor francés Hector Berlioz, el Fausto más romántico y apasionado de todos los que han pasado por el coliseo madrileño.
No podía ser de otra forma, ya que la vida de Berlioz fue atormentada y llena de pasiones, dos constantes esenciales en el ámbito de la creación artística del romanticismo. Apasionado lector de Byron, Goethe, Shakespeare y Virgilio, fue precisamente de sus autores predilectos de quienes el francés extrajo la sustancia literaria y emocional que inspiró la música de varias de sus obras fundamentales. Berlioz descubrió el Fausto de Goethe con 25 años y desde que tuvo el libro en sus manos comenzó fascinado una actividad creativa íntimamente relacionada con su trama y sus personajes. Primero fue la obra “Ocho escenas de la vida de Fausto”, que más tarde utilizó para escribir el libreto y la música de “La condenación de Fausto”.
La ópera fue concebida originariamente como concierto más que nada por razones de índole práctica, ya que un rebelde musical como el autor de Grenoble nunca podía estar seguro de si sus grandes obras llegarían a los escenarios. La que se puede ver estos días en el Real es, asimismo, en versión concierto y lo que ayer quedó muy claro es que las composiciones de Berlioz están tan caracterizadas por lo apasionado de la melodía y por el mantenimiento de un mismo hilo conductor, que su representación escenificada no añade nada fundamental a la belleza de la obra. Más aún, puede que precisamente la falta de una escena contribuya a que el aficionado se deje simplemente llevar por la música y las voces sin peligro alguno de distracciones visuales. Y, por otra parte, permite disfrutar aún más de la orquesta y de su director, normalmente “escondidos” en el foso. Anoche estaban bien a la vista y Nicola Luisotti, uno de los directores musicales más demandados de la actualidad, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, ofreció un fantástico espectáculo de precisión y, sobre todo, de pasión que habría sido una pena no poder contemplar.
Y junto a una orquesta impecable, un reparto de voces de mucha calidad, especialmente el timbre elegante y cuidado de la mezzosoprano rusa Olga Borodina, en el papel de Margarita, con una de las carreras internacionales más sobresalientes de su generación. Junto a ella, el tenor polaco Piotr Bezcala en un Fausto quizás menos expresivo que el personaje de Mefistófeles, interpretado por el bajo ruso Ildar Abdrazakov, quien no descuidó la expresión que acompañaba al canto delante de un atril, mucho menos estimulante a la hora de la actuación.
También destacable la interpretación del Coro Nacional de España en una ópera donde los momentos a cargo de las voces corales son muchos y de gran importancia, algunos inolvidables como la ronda de campesinos, el coro de bebedores o el de los gnomos y de silfos.
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