Opinión

Distensión en Tierra Santa

Lunes 11 de mayo de 2009
El viaje que Benedicto XVI está llevando a cabo por Oriente Medio parece discurrir por buenos derroteros. De su etapa en Jordania queda la visita de un papa a un estado de mayoría musulmán con la cordialidad como aspecto más significativo, en una clara muestra de que el entendimiento entre religiones es posible. Algo parecido pretende la diplomacia vaticana durante el periplo de Benedicto XVI por Israel y, por lo visto hasta ahora, da la impresión de que las autoridades israelíes van por el mismo camino. Prueba de ello es el recibimiento dispensado por el presidente y el primer ministro israelíes, Simón Peres y Benjamin Netanyahu, con guardia de honor militar y una nutrida representación de las más altas autoridades.


No es una visita fácil. Por parte israelí, parte de la ultraderecha no olvida la reciente marcha atrás en la excomunión de un obispo que negaba el holocausto perpetrado en la Segunda Guerra Mundial. Tampoco en las filas del Likud gusta que el Vaticano mantenga una postura tan clara respecto a la necesidad de dos estados en la zona plenamente iguales, uno palestino y otro israelí. Al mismo tiempo, facciones radicales palestinas ya han anunciado que Benedicto XVI no será bien recibido en Nazaret, localidad donde tiene pensado ir el jueves y celebrar allí una gran eucaristía. Es de suponer que la cancillería vaticana habrá sopesado todos estos asuntos, valorando su dificultad pero considerando al mismo tiempo la necesidad de intentar imprimir algo de serenidad en una zona cuya nota predominante es la endémica tensión interreligiosa. Precisamente por eso, todo lo que sea dar pasos en pos del entendimiento, bienvenido sea. Y, de momento, el diagnóstico llama a un moderado optimismo.