Cultura

Un Romeo alemán y una Julieta española ponen en pie al público del Teatro Real

ballet de stuttgart

Martes 12 de mayo de 2009
El ballet de Stuttgart se ha convertido en el protagonista del escenario del Teatro Real. Romeo y Julieta es la obra que está cautivando a los asistentes con su belleza visual y una gran plasticidad de unos bailarines que rozan la perfección.

El ballet de Stuttgart es desde anoche y durante toda esta semana el protagonista del escenario del Teatro Real. La compañía alemana no había vuelto a Madrid desde 1984. En aquella ocasión, representó La fierecilla domada, uno de los tres títulos que junto con Romeo y Julieta y Oneguin se identifican inmediatamente con el reputado ballet de la ciudad alemana, una de las compañías más importantes y reconocidas del mundo. Y, por supuesto, hablar del ballet de Stuttgart también es recordar a John Cranko, creador de estas tres originales coreografías y director de la compañía desde 1962 hasta 1973, año en el que falleció. Afortunadamente, su legado no se perdió y actualmente la escuela que lleva el nombre del coreógrafo sudafricano sigue acogiendo a jóvenes bailarines de todas las nacionalidades, ansiosos de aprender y de llegar a lo más alto.

Este era también el sueño de Alicia Amatriain cuando dejó su San Sebastián natal con catorce años y llegó a Stuttgart sin saber una palabra de alemán, pero dispuesta a darlo todo. Hoy es una gran estrella del ballet, bailarina principal de la compañía junto a la que anoche debutó en el Teatro Real de Madrid con la ya mítica coreografía de Romeo y Julieta ideada por Cranko. Hace unos días, Amatriain confesaba que para ella actuar en Madrid, ciudad a la que viajaba con frecuencia cuando era pequeña y a la que no había regresado desde hacía muchos años, era una experiencia muy especial. Y por eso, estaba nerviosa. Quería que todo saliera a la perfección y los generosos aplausos del público, puesto en pie al finalizar la obra, fueron la confirmación de que el espectáculo de dos horas de duración resultó de una gran precisión y belleza.

El ballet de Stuttgart triunfa en el Teatro Real
Y es que la coreografía de Cranko sobre la música de Sergei Prokòfiev es tan fiel al drama de Shakespeare, que su sencillez y su musicalidad hacen que la misma siga teniendo un gran éxito 40 años después de su creación. Es humana, todos sus movimientos tienen sentido, y llega poderosamente al público porque es fácil de entender y, por lo tanto, de emocionar, con grandes secuencias de movimientos dinámicos y variados. La escenografía, a cargo de Jürgen Rose, es asimismo de una gran armonía, clásica y elegante, para albergar fielmente la trágica historia de los amantes de Verona que expresan con el lenguaje corporal todos y cada uno de sus estados de ánimo en el complicado mundo de los Capuleto y de los Montesco. Y si Alicia Amatriain resulta una Julieta perfecta, su pareja, el alemán Friedmann Vegel, es capaz de expresar con su danza el más apasionado de los Romeos. Así es que juntos, el espectáculo es de una perfección absoluta. El propio Vegel afirmaba, poco antes del estreno, que lleva bailando desde que era pequeño con Alicia, y que la compenetración es tan absoluta que puede cerrar los ojos y saber perfectamente donde estará ella. Sus palabras no eran una exageración.

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