Es médico especialista en Neurorradiología, pero su pasión es la literatura. La novela ha sido su último descubrimiento, un terreno en el que se mueve con soltura. Julio Castedo habla del amor, aunque no se olvida de los fracasos y los embistes de la vida. "El jugador de ajedrez" (Efecto Violeta), su último trabajo, rebosa buenos sentimientos, supervivencia y fe en las personas.
Después de escribir guiones de cine y relatos breves, parece haber encontrado su sitio en la novela.
Entiendo los relatos como pequeñas novelas. Lo que ocurre es que para escribir una novela hace falta que el escritor espere un tiempo prudencial para tener suficiente bagaje. Pero no hay duda de que la intención de escribirla ha estado siempre presente desde la experiencia de los relatos.
En “El jugador de ajedrez” recurre al amor y al desamor para dar forma al argumento. ¿Es para usted un tema recurrente?
Creo que los motores fundamentales de la literatura son el amor y la muerte. Ahora ha tocado este argumento. Sin embargo, en la siguiente novela que estoy preparando, esto cambia porque es de temática histórica. Pero sí, el amor y la muerte son los argumentos que más me conmueven a la hora de escribir.
Dicen que la literatura pesimista tiene más éxito. ¿Está de acuerdo?
No sé qué es lo que tiene éxito. Soy un escritor perfectamente desconocido y con una gran dificultad para colocar mis trabajos en las librerías. Lo que está claro es que uno no puede escapar de sí mismo cuando escribe. Si en tus preocupaciones están esos argumentos es así como se va a desarrollar la novela. Lo que no hay que confundir con que yo en mi vida sea pesimista, más bien al contrario.
Sus personajes pasan verdaderas dificultades.
Me gusta poner piedras en los zapatos a mis personajes y que se les compliquen las situaciones, ya de por sí difíciles. No obstante, para crear el protagonista me basé en un personaje real: el jugador de ajedrez y campeón ruso Alekhine, que se vio obligado a jugar partidas simultáneas ante los nazis para salvar la vida de su mujer judía. Me parecía que en esta historia había el fondo de una novela.
Portada del nuevo libro de Julio Castedo, El jugador de ajedrez, publicado por Efecto Violeta
Diego, su protagonista, se salva a sí mismo…
Así es. Me interesaba mucho el tema de la supervivencia en un entorno tan hostil a través de algo tan intelectual y tan poco agresivo como el ajedrez.
¿Se puede entonces empezar de nuevo pese a las adversidades?
Sí, incluso cuando el entorno actúa dificultando bastante el desarrollo vital de los personajes.
El amor debe ser mucho más intenso en tiempos revueltos. ¿Es así?
Las historias de amor verdaderamente intensas, las que pasan a la Historia, son las que más dificultades han atravesado. Ya sea la de Romeo y Julieta o la de los amantes de Teruel. Las que comienzan bien y terminan en un longevo matrimonio están muy bien para la vida real, pero dan muy poco juego para la literatura.
Su protagonista despierta ternura.
Es un personaje esencialmente bueno y con buenos sentimientos. Alguien que se ve en situaciones límites y no tiene más armas que su inteligencia y sus sentimientos. Y todo en un entorno hostil.
Hostilidad es lo que respira también en el ambiente familiar. Su mujer no se lo pone fácil.
En la cita del principio del libro doy una pista sobre eso. Esa mujer pertenece al mundo, no a él. Cada vez que él intenta que esto cambie se topa con la evidencia de que ella persigue sus propios objetivos.
Pero su hija es su motor de vida.
Sí. Diego, al principio, tiene un amor compartido por su mujer y por su hija. Sin embargo, el desarrollo de la historia le hace convencerse de que tiene que focalizar su atención en la niña.
¿Qué hay de los caballos?
El caballo juega un papel a veces subliminal y a veces explícito en toda la novela. Diego juega con su hija a que es un caballo, él le enseña el movimiento del caballo, mientras que para ella su animal favorito es el caballo. A su vez, durante su estancia en la cárcel, Diego sueña con un caballo blanco, que es el que aparece en la portada del libro y que simboliza la libertad.
¿Qué importancia tiene la religión en la vida de Diego?
Lo que he querido transmitir con esa firme convicción religiosa del protagonista es algo que he visto en personas de mi familia que vivieron en la Guerra Civil. Se vieron envueltos en un drama tremendo únicamente por sus convicciones religiosas y no políticas. He querido retratar a ese personaje católico que se vio envuelto en una guerra sólo por serlo.
La muerte y el olvido están muy presentes en su relato.
Así es. A Diego le toca sobrevivir a los suyos: a sus padres, a sus hermanos y a sus amigos.
Deja al lector con ganas de saber cómo continúa la vida de Diego.
(risas) A la vez que escribí la novela, escribí un guión de cine. Además estuvo a punto de hacerse si no hubiera sido por la crisis. En la película había una secuencia más pero no lo voy a contar.
Es médico, pero es un apasionado de la escritura.
La medicina se lleva muchas horas en mi vida. Pero le cojo horas a lo que puedo porque el que quiere escribir escribe.