Rosendo Fraga | Sábado 16 de mayo de 2009
En la historia política contemporánea de la República Argentina, las elecciones legislativas de medio mandato, que tienen lugar a los dos años de la asunción del Presidente y dos de la finalización de su mandato, han tenido consecuencias políticas, económicas y hasta institucionales importantes.
En tres oportunidades quien gobernaba perdió en Argentina la elección previa a la presidencial durante el último cuarto de siglo: Alfonsín en 1987, Menem en 1997 y De la Rúa en 2001.
En la primera y la tercera, el Presidente renunció anticipadamente a raíz de una grave crisis económica y social (La hiperinflación y el estallido de la convertibilidad). En el segundo, aunque había dificultades económicas (crisis asiática y devaluación brasileña), no se perdió la gobernabilidad y el Presidente terminó el mandato en fecha. Pero en los tres casos el oficialismo perdió la elección presidencial siguiente.
Ahora en 2009, es inevitable que el oficialismo sufra una derrota en las elecciones legislativas, ya que perderá entre 3 ó 4 senadores y quedará con aproximadamente 16 diputados menos.
La situación puede parecerse a la de Alfonsín y De la Rúa, pero también a la de Menem. No es inevitable que sea de una u otra manera: si algo caracteriza a la política es que suele tener final abierto.
En este marco, es difícil que el oficialismo pueda ganar las presidenciales de 2011, pero en política hay antecedentes, no leyes de comportamiento inexorable o inevitable.
La declaración de Kirchner sobre que si el actual gobierno pierde, el país volará como en 2001, es una estrategia electoral para polarizar el voto, ya que la gente teme el desorden económico porque tiene experiencias al respecto. Pero la economía está en dificultades pero no en una situación crítica. Kirchner, en mi opinión, está exagerando.
Con su lógica política, postergó oficializar su postulación como primer candidato del oficialismo en la provincia de Buenos Aires hasta el último momento, quizás buscando potenciar la singularidad de su candidatura.
Esta no está carente de riesgos, pero no asumirlos, hubiera sido dar una señal de derrota por anticipado, que hubiera generado un efecto negativo sobre la adhesión de los intendentes bonaerenses del justicialismo al ex Presidente, de alguna manera forzada por las llamadas candidaturas testimoniales. Estas fueron aceptadas por la mitad de los intendentes del PJ de la provincia de Buenos Aires, pero por ninguno de los gobernadores, con la excepción de Scioli.
La oposición quedó dividida en dos ejes: la UCR y la Coalición por un lado, aliados al PS y los seguidores de Cobos en algunos distritos y el PJ disidente y el PRO por el otro. La división de la oposición en la provincia de Buenos Aires es lo que puede permitir a Kirchner ganar en este decisivo distrito, aun perdiendo 10 puntos respecto a elecciones anteriores, al no tenr ahora el voto del campo, como en 2005 y 2007.
En lo que hace a la denuncia contra Narváez es un típico ejemplo de lo que se llama campaña sucia. El ha logrado convencer a sus seguidores de que es una maniobra y por eso no le resta votos hasta ahora. Una denuncia de este tipo a pocos días de las elecciones puede ser difícil de revertir, pero a dos meses hay tiempo para neutralizar sus efectos.
En cuanto al rol electoral del Vicepresidente Julio Cobos,- quien sigue siendo el político con mejor imagen en la Argentina,- ha quedado un tanto ambiguo, por el conflicto final con Carrió. Pero no cabe duda que está mucho más cerca de la oposición que del oficialismo. En general, dice lo que la opinión pública quiere escuchar y no se desgasta al no tener responsabilidades ejecutivas.
En una situación de tensión post-electoral, como el mismo Kirchner lo reconoce en sus discursos de campaña, el rol del Vicepresidente y también el de los gobernadores crecerán.
El oficialismo retrocederá en el interior del país, perderá bancas en ambas cámaras del Congreso, pudiendo incluso quedar sin mayoría en alguna de ellas y tendrá en la provincia de Buenos Aires un retroceso de aproximadamente 10 puntos.
Pero Kirchner son su habilidad táctica, ha logrado imponer hasta ahora, que ganar o perder un voto más o un voto menos en dicho distrito, define la elección.
Por esta razón, imponer la interpretación del resultado, será clave desde la noche del 28 de junio y en ello los medios de comunicación,- con los cuales Kirchner se encuentra en conflicto,- jugarán un rol importante.
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