Opinión

Castillos en el aire

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 18 de mayo de 2009
Cuando se ha contemplado en directo un debate como el de la semana pasada y se leen después los periódicos del día siguiente (o algunas emisiones de la misma noche del evento, por no hablar de la encuesta del gubernamental CIS) uno se pregunta si estamos hablando del mismo debate y si unos y otros hemos visto y oído a los mismos personajes. En mi opinión, el pasado martes por la mañana un Presidente que lleva cinco años en el poder, esmaltados por una larguísima retahíla, de incumplimientos, promesas evaporadas y mentiras descaradas persistió en sus trece y nos obsequió con una completa arquitectura de castillos en el aire. Es imposible, para cualquier observador atento de nuestra vida política, dar a las promesas que Zapatero hizo el pasado martes una credibilidad mayor que la que merecen las que ya hizo en el pasado, incluida aquella famosa de que esta sería la legislatura del pleno empleo. Expresada, debe subrayarse, cuando la inminencia de la crisis no se le escapaba a nadie que no quisiera autoengañarse, o dejarse engañar. Dicho de otra manera: aquí ya nos conocemos todos y el valor que hay que darle a las palabras de Rodríguez Zapatero se puede constatar con hechos, que demuestran categóricamente que el valor de sus palabras y el crédito del que las pronuncia se aproximan a cero.

Por todo ello sorprende que una buena parte de medios y comentaristas –y no solo los que están perfectamente identificados como terminales al servicio del poder socialista- echaran las campanas al vuelo como si hubiéramos tenido ocasión de contemplar un inédito acontecimiento: El surgimiento de un político nuevo, con ribetes obamianos, por supuesto, que con un especial carisma y una varita mágica se nos presentara con las recetas adecuadas y eficaces para salir de la crisis y hacer de la española la más feliz sociedad de Occidente. Los castillos zapateriles empezaron a desmoronarse apenas unas horas después cuando dos de sus promesas más sonadas, las relativas a los mercados del automóvil y de la vivienda, se tropezaron con la tozuda realidad, que tanto le molesta al Presidente del Gobierno: Le molesta tanto que sistemáticamente la ignora. Intentar estimular la venta de coches con el dinero ajeno, en este caso el de las comunidades autónomas, tiene el inconveniente de que quienes tienen que soltar la pasta pueden no estar dispuestos a secundar esos proyectos, como ya se ha visto. Aparte de que ha frenado en seco el mercado del motor. Y pretender que se acelere la venta de viviendas a plazo inmediato, anunciando la supresión desde 2011 de las desgravaciones, tiene el inconveniente de que a medio plazo se puede producir un nuevo colapso del mercado inmobiliario.

El mismo carácter fantasioso tiene la promesa de dotar a todos los alumnos de quinto de un ordenador personal cuando todavía no ha sido capaz de hacer realidad la vieja promesa de un ordenador por cada dos alumnos en cada aula. Además, ¿quién va a pagar la conexión a banda ancha del domicilio de los alumnos? ¿También las comunidades autónomas o acaso las operadoras telefónicas? Esta informática promesa pone al descubierto el fondo del pensamiento zapateril que parece estimar que ha hecho un gran hallazgo intelectual con esa frase de “menos ladrillos y más ordenadores”. La calidad de la enseñanza de la que nuestro país adolece tan gravemente como muestran todas las estadísticas internacionales, como el Informe PISA de la OCDE, no se resuelve con ordenadores sino con un sistema educativo basado en unos supuestos bien distintos de los que han impulsado los socialistas desde que llegaron al poder y pusieron en marcha la nefanda LOGSE. Fomentar la cultura del esfuerzo, de la lectura de libros, de la responsabilidad es mucho más importante que el ordenador, mero instrumento neutro que puede utilizarse, sí, para completar el estudio, pero también para perder el tiempo. Y ya hay quien lo utiliza para las nuevas formas de la ciberdelincuencia. Y en cuanto al “ladrillo”, al que tan despectivamente alude Zapatero, parece desconocer la posibilidades de innovación (nuevos materiales, métodos de ensamblaje…etc.) a las que su propia ministra del ramo ha aludido recientemente en una comparecencia en las Cortes.

Todas las promesas del Presidente son meros fuegos de artificio que se van a quedar en nada, que se están ya quedando en nada, aunque las jaleen con entusiasmo los estómagos agradecidos y los beneficiarios del pesebre. Este Gobierno y su Presidente no saben adónde van. Su lema después del discurso del otro día podía ser la conocida frase: “Estábamos al borde del abismo, pero ahora vamos a dar un paso más”. Su coherencia se demuestra por el reciente nombramiento de secretario de estado de economía en una persona bien conocida por su voluntad de reformar el mercado de trabajo, reforma esta que es la bestia negra del Presidente, como quedó bien claro el otro día. ¿Juega a algo el inquilino de la Moncloa que no sea seguir ahí a toda costa y aunque se hunda España?

TEMAS RELACIONADOS: