Miércoles 20 de mayo de 2009
Según el artículo 3 de la Constitución, “el castellano es la lengua española oficial del Estado”. Algo tan aparentemente sencillo de entender parece que no entra en la cabeza de determinados nacionalistas pertinaces, cuando no de algún que otro “progre” acomplejado. Es además una lengua universal hablada por cientos de millones de personas, un idioma en expansión que aprenden también millones de extranjeros. Por eso, los torpes intentos de persecución producen bochorno entre los españoles pero causan indiferencia o burla en Buenos Aires, México o Nueva York. Quien viaje a Cataluña, Baleares, Galicia o Euskadi se percatará de la omnipresencia de sus respectivas lenguas vernáculas, suplantando en ocasiones al castellano como única opción legible. Es evidente que quien persiste en afirmar que en dichas comunidades sus respectivas lenguas peligran desfigura la realidad. De ahí que, en el caso de Baleares, resulte especialmente lacerante la nueva tropelía lingüística perpetrada por la Consejería de Sanidad, que obligará a los facultativos médicos que ejerzan su actividad profesional en las islas a examinarse de catalán, si quieren seguir trabajando allí. Una medida tan absurda como ridícula que amenaza con dañar gravemente la sanidad balear, toda vez que un buen número de médicos ya han anunciado que se marcharán, si prima la cerrazón provinciana sobre el conocimiento científico.
La imposición de una lengua por decreto es una utopía reaccionaria. No lo es, en cambio, en el seno de tantas y tantas familias que usan indistintamente cualquiera de las dos lenguas oficiales a su disposición, demostrando que el sentido común suele imponerse a la estulticia con mayor frecuencia de lo que imaginamos. Afortunadamente, el catalán, gallego o euskera gozan de mejor salud que nunca. Con todo, el aspecto médico es la punta de un iceberg mucho más vergonzante, cual es el del acceso a la función pública en determinadas comunidades autónomas. Que a igualdad de méritos la lengua vernácula respectiva –o el inglés o alemán, tan importantes en la literatura científica- sea un punto a favor es comprensible. Pero es descabellado que sea requisito sine qua non a la hora de realizar cualquier actividad profesional. Digamos la verdad: la lengua vehicular en medicina son los conocimientos científicos de la especialidad en cuestión, como en física lo es el lenguaje matemático; o en música, una partitura musical. Otra cosa es una falsificación politizada. En Baleares mandan los socialistas. Es de esperar que el señor Zapatero rectifique una tropelía semejante, tan autoritaria como reaccionaria, si no quiere que le ocurra lo que ya le sucedió en Galicia, donde el sentido común de los gallegos desalojó la “entente nada coridiale” formada por nacionalistas y socialistas del gobierno autonómico. La riqueza cultural no puede ser nunca utilizada como arma arrojadiza y menos aún como forma de exclusión que perjudique y margine gravemente a niños y jóvenes de esas regiones.
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