Quentin Tarantino, "enfant terrible" del cine americano y, por ende, vaca sagrada del festival de Cannes, desembarcó con su reparto internacional, capitaneado por Brad Pitt, para presentar en el certamen "Inglorious Basterds", su desenfrenada e irregular aproximación al cine bélico.
El director desempolva una vez más su amplio abanico de influencias, desde el cine clásico a las serie Z, para la que es su película más larga -148 minutos- y la más internacional, aunque fue recibida por la prensa con menos entusiasmo del esperado.
"Inglorious Basterds" es, en realidad, un remake de "Quel maledetto treno blindato", de Enzo Castellari, y de aquélla retoma a un atolondrado comando americano que llega a la Francia ocupada por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial con la intención de acabar con los nazis.
A partir de ahí, cualquier parecido con la realidad histórica es pura coincidencia. "No la clasificaría exactamente como una fantasía judía, ese no sería el apartado del videoclub donde la pondría", explicó un verborreico
Tarantino.
"Es simplemente la historia de unos personajes que, si de verdad hubieran existido, sí podrían haber cambiado el rumbo de la Historia", aseguró el director. No por su valentía, desde luego, sino más por su imprudencia y su heterodoxia.
Ellos planean, con su sentido de la superioridad ética, un atentado a la alta cúpula del nacionalsocialismo dentro de un cine parisino.
"Es una metáfora sobre el poder del cine. Pero por otro lado demuestra el poder del cine sin ningún tipo de metáforas", explicó el cineasta haciendo un juego de palabras sobre el cine como lenguaje y el cine como sala.
A pesar de contar con
Brad Pitt, Michael Fassbender -que concurre también en Cannes con "Fish Tank", de Andrea Arnold-,
Diane Kruger y Mike Mayers, todos ellos presentes en Cannes, el actor alemán
Christoph Waltz, que interpreta a un coronel nazi, es el que roba el protagonismo de la película y acapara los mejores diálogos, por lo que fue aplaudido en Cannes.
"Necesitaba un gran actor que fuera a la vez un genio de las lenguas. Y me costó tanto encontrarlo que estuve a punto de publicar simplemente el guión y pasar a otro proyecto", explicó el responsable de "Reservoir Dogs", uno de los debuts más impactantes del último cine americano.
Y es que, pese a las licencias históricas, Tarantino ha sido muy riguroso con las lenguas que se cruzan en el filme. "Da gusto trabajar en una película en la que los alemanas son alemanes, los franceses son franceses, los estadounidenses son estadounidenses y los británicos... son canadienses", bromeó Brad Pitt.
La presencia de la estrella de Hollywood, que desplegó altivez con su look a lo Gran Gatsby -camisa blanca, traje color vainilla y foulard, además de gafas de sol con montura dorada y un gran anillo en el dedo- no pudo eclipsar, sin embargo, al divertidísimo derroche de magnetismo de Tarantino.
Después de la afirmación de Von Trier "soy el mejor director del mundo", el desfile de egolatrías lo prosiguió de manera más simpática el ganador de la Palma de Oro por "Pulp Fiction" (1994), afirmando que "en mis películas yo soy el dios, el que crea y quiere a sus personajes".
Para aquellos que, efectivamente, consideren al cineasta un dios, la película les proporcionará no pocos momentos de disfrute:
está dividida en capítulos, algunos de ellos magníficamente redondos y otros más irregulares;
tiene diálogos absurdos en situaciones graves y subtítulos en color amarillo como si fuera una cinta de VHS de hace décadas.
En la dosis de "tarantinismo" no faltan, tampoco, una banda sonora no original plagada de momentos épicos robados de "El Álamo" o de David Bowie, aunque sí sobran algunas escenas excesivamente dilatadas.
De cara a los premios, "Inglorious Basterds" es, como ya lo fue "Death Proof", la excentricidad más vacua -pero aun así muy disfrutable- de la competición.
Además, Isabelle Huppert, presidente del jurado, rechazó participar en la película, y es poco probable que lo que no le convenció sobre el papel la conquiste ahora proyectado en una pantalla.
"En cualquier caso, yo siempre seré su fan número uno. Mi aspiración como cineasta es hacer algo como 'La puerta del cielo'", protagonizada por Huppert y uno de los grandes fracasos de la historia del cine, concluyó el irreverente Tarantino.
Se avivan los ánimos para una posible Palma de Oro para AlmodóvarTras la ovación recibida en el pase de gala y la privilegiada posición que ocupa
"Los abrazos rotos" en las tablas de clasificación de la prensa del festival, los ánimos para el éxito de Almodóvar en el palmarés se avivan.
La última película de
Almodóvar, que en España ha recibido opiniones tibias y una recaudación por debajo de lo esperado, demuestra una vez más, tras su visionado en Cannes, la divergencia de la percepción del trabajo del cineasta manchego dentro y fuera de su país.
La revista Screen Daily publicaba hoy las reacciones de varios medios internacionales y, sobre cuatro, "Los abrazos rotos"
conseguía una puntuación media de 3,2. Sólo "Bright Star" (con un 3,3) y la favorita de la crítica, "Un prophète" (con un 3,4) superan a Almodóvar.
Por su parte, la revista "Le film français", que reúne a diez especialistas para dar sus opiniones sobre las cintas a concurso, tiene hoy a cuatro críticos que le dan la máxima puntuación -representada con el dibujo de una Palma de Oro-.
En el cómputo de los medios españoles consultados por Efe, en cambio, la calificación medio obtenida es de un 4,5 sobre 10. Y conviene recordar que "Hable con ella", la cinta con la que Almodóvar consiguió un Óscar al mejor guión, fue poco apreciada por la prensa nacional en el momento de su estreno.
"No hay que olvidar", decía ayer Almodóvar, "que el jurado es algo que no tiene nada que ver con el público ni con la crítica". Sin embargo, a nadie le pasó desapercibido que, para beneficio de Almodóvar como gran retratista del universo femenino, este año el jurado cuenta con cinco actrices entre sus nueve miembros.
España sólo ha ganado una Palma de Oro en toda la historia del festival de Cannes, por una coproducción con México,
"Viridiana" (1961), de Luis Buñuel, que fue retenida por la censura franquista y no se estrenó hasta 1977.
Almodóvar, por su parte, mantiene un romance con Cannes que le ha proporcionado un premio al mejor director por "Todo sobre mi madre" (1999) y los galardones de interpretación femenina y guión por "Volver" (2006). Además, "La mala educación" se convirtió en 2004 en la primera película española en inaugurar el prestigioso certamen.