Opinión

El Islam en Europa

Domingo 24 de mayo de 2009
Los disturbios acaecidos recientemente en Grecia, donde jóvenes musulmanes provocaban violentos altercados por una presunta profanación del Corán a manos de un agente de policía, son la última muestra de un serio problema de convivencia que va adquiriendo tintes cada vez más preocupantes. No es la primera vez que se producen incidentes de este tipo en el Viejo Continente. Baste recordar el revuelo organizado en Dinamarca por la publicación de unas viñetas sobre Mahoma, o el asesinato del cineasta holandés Theo Van Gogh a manos de un islamista, descontento con la temática de sus películas.


No es cuestión de xenofobia o racismo. Es lo contrario: simplemente, se pide tolerancia. En Europa conviven personas de distintos credos sin que por ello se produzcan necesariamente conflictos religiosos. Por fortuna, esa fase ha quedado ampliamente superada desde hace tiempo, en virtud del respeto a los derechos humanos del que el continente europeo es adalid. Católicos, luteranos, judíos y budistas conviven sin mayor problema. Las dificultades surgen siempre por el mismo lado, el musulmán. Los países de mayoría islámica no se distinguen precisamente por el respeto a las otras confesiones, el régimen de libertades que disfrutan sus ciudadanos es manifiestamente mejorable -cuando existe- y, en el caso concreto de la mujer, su situación es, en muchas ocasiones, vergonzante. En Europa caben todos. Pero la premisa fundamental es que han de respetarse los derechos y libertades que son nuestras señas de identidad; para empezar, libertades tales como las de culto o expresión. Europa se ha convertido en una cultura cosmopolita que no es lo mismo que una confederación de culturas. Los inmigrantes musulmanes son bienvenidos y respetados pero tienen que adaptarse e integrarse en un Viejo Continente formado en valores muy arraigados que le vienen de sus rasgos culturales greco-latinos, judeo-cristianos, renacentistas e ilustrados. Y, sobre todo, han de dejarse a un lado conductas hipersensibles e intolerantes, que tienden a tildar de ofensivo todo aquello que no se ajuste a los cánones de una ortodoxia en ocasiones profundamente autoritaria e intolerante.