Opinión

Cogida de "Pata Negra" de Hermoso, marcando la tarde

Pedro J. Cáceres | Domingo 24 de mayo de 2009
17ª de la feria. No hay billetes para presenciar la 2ª corrida de rejones en tarde gris, pre-tormentosa y amenazando lluvia, pero que se sostuvo en tono tibio hasta finales del cuarto toro en que empezó a llover, de menos a más.

Corrida de Fermín Bohórquez, clásica de los grandes acontecimientos que protagoniza Pablo Hermoso de Mendoza y hoy era uno de ellos con el reto de superar las tres orejas del domingo pasado. Buena corrida de toros para rejones con un tercero con fondo y nobleza y el resto sirviendo mucho, los dos primeros más agresivos y templadito el cuarto, el sexto apretando. El quinto manso y queriendo coger por arriba, y lo hizo.

Dalí fue el elegido por Pablo Hermoso de Mendoza para parar al segundo de de Bohórquez. Con Silveti asumió la responsabilidad en banderillas clavando arriba y toreando con la grupa por dentro y por fuera. Toro agresivo, algo de genio, y con Caviar arriesgó en terrenos muy comprometidos y dando batidas dejándoselo llegar muy cerca; luego las piruetas a las salidas de las banderillas hacían sonar ovaciones. Culminó con Pirata prologando con las cortas en exagerado acorte de distancias la suerte suprema que realizó con tanta belleza y lentitud como eficacia, pero se “amorcilló” el animal y tuvo que entrar por otras dos veces diluyéndose la euforia conducente a la oreja reduciéndose todo a una cariñosa ovación.

Pata Negra, otro “alevín de tres años, fue el destinado para abrir turno en el cuarto. Lamentablemente en el embroque del primer rejón de castigo el toro enganchó por las tripas al caballo dándole una cornada y cebándose ante la impotencia del rejoneador en el piso y los auxiliares y voluntarios de paisano por quitar la presa del bruto. Se le retiró con diligencia por parte de los cuidadores de cuadra y prosiguió Pablo con Estella acusando al principio los nervios del accidente para sobreponerse con rapidez y brillar en banderillas a lomos de Ícaro que además toreó con valor jugándose un alcance leve en la grupa. Dos cortas con Pirata y un par a dos manos tras dos pasadas en falso, y sin apenas sitio. Fue un alarde de voluntad y superación ante el toro más manso y dificultoso de la tarde. Se complicó también el final con el rejón de muerte necesitando de tres, y haciendo de tripas corazón sonreír a las sinceras palmas reconfortantes mientras con la paliza llevada a cuestas iba camino del patio de caballos preocupado por la suerte de Pata Negra que fue trasladado a la Facultad de Veterinaria para su intervención.

Álvaro Montes esperó al 3º de D. Fermín en chiqueros. Salió con gas y pies para con la garrocha encelarle y aguantarle durante dos vueltas al anillo con excelente temple y ritmo, muy emocionante y bien rematado en los medios. Con Maestro quebró en corto, terrenos inverosímiles, para clavar banderillas en lo alto. Después violines alternados con dos cabriolas tierra aire espectaculares; lo hizo con Sol. Resolvió con Coquito, aderezando con tres rosas de espectacular ejecución con el hándicap de haber derribado al animal en el tercer embroque dejando un rejón de muerte letal. Buen toro, con ritmo y codicia en grado de gran nobleza. Álvaro Montes cortó una oreja y se pidió con fuerza la segunda con la consiguiente bronca a la presidencia.

La tarde entró en agua y frío al salir el sexto. Frío meteorológico y ambiental por lo sucedido en el toro anterior. Un esfuerzo hizo Álvaro Montes por subir el listón emocional. Sobrio pero seguro en rejones de castigo lució en banderillas convencionales y volvió a utilizar a Coquito para el último tercio con cuatro violines de cortas usando dos intentos para el último encuentro en borrachera de “carioca”. Rejón de muerte haciendo guardia, dos pinchazos y otro definitivo.

Abrió plaza Fermín Bohórquez que reaparecía tras una enfermedad vírica con sus secuelas de visión y calibración de distancias que le llevó a “clavar” los dos primeros rejones de castigo y la primera banderilla al aire. Después hizo un esfuerzo para no dar síntomas extraños en la monta pero en el momento de las reuniones hacer efecto la medicación. Incluso sus gestos denotaban circunstancias anómalas que intentaba superar con oficio como el par a dos manos que fue lo mejor de una actuación rara. Lo mató pronto. Se aplaudió su voluntad.

Volvió a tener problemas con los rejones de castigo al cuarto. Quiso remontar con su caballo estrella, Sinfonía, pero se le negó en el patio a la hora de montarlo y en los embroques empezando el público a mosquearse. Tuvo un momento lúcido con Nevado en banderillas a dos manos, fue un oasis. Tiró de Melero, otra vez, parra el último tercio con desigual acierto en cortas y ninguno o poco con el rejón de muerte. Silencio respetuoso guardó el público.

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